sábado, 8 de junio de 2013

TRAJES REGIONALES O TIPICOS DE MEXICO




 

INTRODUCCION POR: LUIS COVARRUBIAS

Desde tiempos remotos la indumentaria en México ha sido muy variada, rica y espectacular. Tuvo en épocas prehispánicas—y aún lo conserva en muchos casos— significados rituales, de casta, o bien, era distintiva de los numerosos grupos étnicos que poblaban el territorio de Mesoamérica. El conocimiento más antiguo que poseemos de un vestido viene de las figurillas de barro que fabricaron los artesanos «leí período llamado preclásico, hace más de 3000 años. Su indumentaria consistía solamente en tocados de diversas formas, collares, ajorcas y pintura corporal, ya que iban completamente desnudos. Poco más tarde aparecieron falditas, taparrabos y otros adornos simples; los peinados y tocados se hicieron más complejos. Así, a través del tiempo, el vestido fue elaborándose y haciéndose más suntuoso, muy especialmente el de los hombres, hasta llegar a la increíble fastuosidad de los personajes mayas.
El vestido femenino, en cambio, fue siempre sencillo, aunque lleno de alegría y colorido, sin atavíos espectaculares, excepto las representaciones de diosas como Chalchiutlicue, Xochiquetzal, etc., quienes aparecen vestidas tan ricamente como los hombres. Desde muy temprano encontramos tres elementos que constituyen fundamentalmente el vestido de las mujeres mesoamericanas: la falda o enredo, el quecliquemetl y el huipil.
En las regiones tropicales de Veracruz Central —La Mixtequilla— se ha encontrado varias de las llamadas "figurillas sonrientes" que ostentan como vestido tan solo una falda ricamente decorada, collar y tocado. Es interesante que, hoy en día, en esa misma región, las mujeres del pueblo de Cosoleacaque, usen únicamente un enredo sujeto a la cintura con un ceñidor o faja, dejando el torso desnudo, y un peinado elaborado y adornado con flores. Lo mismo sucede en otras regiones, como en la Costa de Oaxaca, en el Valle de Pinotepa Nacional.
El quechquemetl es una especie de capa cerrada, que cubre busto, espalda y hombros, de hechura simple que consiste en la unión de dos tiras largas de forma rectangular, o el dobles y unión de una pieza de tela formando dos cuadrángulos, en forma de C. Aparece ya representado en las figurillas de la época  de Teotihuacán. Su distribución geográfica fue muy extensa, especialmente en la parte oriental de México, y en la actualidad se sigue usando más o menos en los mismos sitios antiguos.
El huipil es una especie de camisa larga hasta abajo de las rodillas, muy ancha, con una abertura longitudinal al centro de la parte superior, que sirve como cuello, y dos en los extremos, como mangas. Esta prenda fue de uso común entre las mujeres mexicas y mixtecas. En nuestros tiempos encontramos ejemplos idénticos a los huipiles prehispánicos en diversos lugares del Sur de México. El huipil dio origen, más tarde, a una gran variedad de camisas y atavíos que usan hoy en día las mujeres de todo el país.


ORIGINALES Y TEXTOS DE LUIS COVARRUBIAS
INDICE
1.            Yalalteca, Oaxaca.
2.            Chinanteca, Oaxaca.
3.            Mexicana de Atla, Sierra de Puebla.
4.            Mujer de Magdalenas, Chiapas.
5.            Mujer chamula, Chiapas.
6.            Huichol de Sta. Catarina, Jalisco.
7.            Tacuate de la Mixteca Baja, Oaxaca.
8.            Huasteco, Chiapas.
9.            Muchacha de Bachajón, Chiapas.
10.          Tehuana. Oaxaca.
11.          Mestiza de Yucatán.
12.          Mujer Tarasca del Lago de Pátzcuaro, Mich.
13.          China Poblana.
14.          Charro.
Página Central Mapa Pictórico de la República. Reducción del original 56 x 83 de Luis Covarrubias.

FISCHGRUND
EDICIONES DE ARTE
MEXICO
I.YALALTECA, OAXACA.

Al pie del Zempoaltepetl, en la Sierra de Oaxaca, está situada la población de Yalalag. Sus pobladores son zapotecos y, como todos los serranos, son celosos guardianes de sus tradiciones. Es quizás por ello que el vestido de las yalaltecas sea uno de los que más conserva el carácter prehispánico.
Consiste fundamentalmente en un enorme huipil fabricado en telar de cintura, de algodón blanco, adornado con una trenza con dos grandes flecos, hecha de hilos de seda destorcidos, la cual está cosida transversalmente al extremo inferior del cuello. El huipil tiene cuatro franjas verticales, una que arranca de la trenza del cuello hasta abajo, dos en los lados y otra atrás. Estas franjas están bordadas a cuadros en vivos colores alternados, con hilos de seda destorcidos. También hay huipiles decorados en la misma forma, pero con motivos de guirnaldas a colores.
Para el uso diario llevan un huipil más sencillo, sin los adornos verticales y solo con la trenza con flecos, hecha de hilos más corrientes. Llevan el pelo suelto o trenzado hacia atrás.
En las grandes ocasiones usan un bello tocado a modo de turbante, hecho de gruesos estambres de lana negra, que colocan sobre el pelo recogido hacia arriba. Este tocado se llama "Rodete de Tlacoyal".
La falda consiste en un enredo de manta con rayas transversales, naranjas o bermellón, ceñido al cuerpo.
Sus alhajas son tle plata y coral, y es famosa la cruz de Yalalag, que consiste en una grande con una pequeña en cada punta, hechas de plata cincelada.
Es importante añadir que el huipil y la falda son idénticos a los que vemos en los códices de la Conquista, y que el rodete de Tlacoyal recuerda mucho a los tocados que ostentan gran cantidad de las figurillas preclásicas.


II.CHINANTECA, OAXACA.

La región llamada La Chinantla está situada en la parte norte del Estado de Oaxaca y es una zona montañosa, cubierta de exuberante vegetación tropical, y pertenece a la Cuenca del Río Papaloapan.
Los habitantes de La Chinantla son indígenas y sus pueblos más importantes son Ojitlan y Usila. Su vestido consiste en un huipil y una falda de enredo.
El huipil de algodón, tejido en telar de cintura, a bandas blancas y rojas y posteriormente bordado con motivos de animales, flores y dibujos geométricos, es otro de los vestidos que conservan todo su carácter prehispánico. El único elemento extraño que ha sido introducido es un holán de listón y encaje que lleva en las mangas. Sobre el tejido y el bordado lleva aplicaciones bordadas o con pedazos de listón, a base de rectángulos de colores alternados, similar al del huipil yalalteco, solo que en vez de llevar una franja al frente, tiene dos que van del extremo anterior al posterior rodeando los hombros.
Puede decirse que los motivos de decoración del huipil chinanteco son de origen precolombino y el dibujo en forma de XX que tiene sobre el pecho lo vemos representado en el Códice Florentino.
El enredo es una pieza de tela hecha también en telar de cintura muy similar al huipil, solo que sin bordados.
Hasta hace poco la tela se teñía con grana o cochinilla, pero ahora lo hacen con fucsina y, más aún lo tiñen por parejo y posteriormente le hacen las aplicaciones de listón.


III.MEXICANA DE ATLA, SIERRA DE PUEBLA.

En un área relativamente reducida de la Sierra de Puebla conviven varios grupos étnicos, conservando cada cual sus particularidades. En los centros de población importantes como Pahuatlán, Huachinango, Villa Juárez, Huehuetla y Zacapoaxtla es fácil verlos reunidos, en los días de mercados, por ejemplo, a Otoiníes, Tepehuas y Totonacos con el más numeroso de esta región: los mexicanos de habla nahua. El vestido de cada uno de estos grupos es distintivo, y aún en el mismo grupo mexicano hay diferencias locales en el atavío.
Las mujeres mexicanas de la región de Pahuatlán se visten todavía del mismo modo que lo hacían sus antepasadas de antes de la Conquista: con falda de enredo, y quechquemetl. La única prenda que se ha sumado a su atuendo es la camisa, común a las mujeres de los demás grupos, derivada del antiguo huipil. Esta es de manta blanca, bordada sobre el pecho, la espalda y las mangas, con motivos de animales y de flores, ya sea en un solo color o policromadas. Hay varios estilos de bordado, siendo el más interesante el llamado "pespunteado", que consiste en bordar plisando la tela en finísimos pliegues, quedando al final el dibujo en negativo.
El quechquemetl de las mujeres de Atla es siempre blanco, de gasa labrada en el telar de cintura, con motivos de animales, hombres y flores. Es relativamente pequeño y posiblemente su reducción se deba al uso de la camisa y al deseo de lucirla.
La falda de enredo es de manta blanca la cual sujetan con un ceñidor, de manufactura otomí, que compran en el mercado de Pahuatlán.
Ya siempre descalza y su lujo es su largo pelo que trenza con cintas de colores. Esta trenza, que pasa por debajo del quechquemetl, es muy larga, llegando a veces muy cerca del suelo.

IV.MUJER DE MAGDALENAS. CHIAPAS.

Uno De los pueblos más aislados de la comunidad indígena de los Altos de Chiapas es el de Magdalenas. Sus habitantes pertenecen al grupo tzotzil y el vestido de sus mujeres es uno de los más hermosos de la región.
Se compone únicamente de un liuipil de algodón, muy largo y amplio hecho en telar de cintura y ricamente bordado con estambres de colores, predominando el rojo. Su diseño lo constituye, en toda la parte del torso, unas líneas diagonales cruzadas formando "cocoles", en cuyo interior llevan grecas. La parte de abajo y las mangas tienen un dibujo similar, pero más fino, en bandas de unos quince centímetros y su número es Variable. Es interesante el hecho de que en la iglesia de Magdalenas hay en un nicho un grupo de cinco vírgenes y, en determinadas ocasiones, las visten con este huipil y les amarran una chalina o pañoleta en la cabeza, como acostumbran las mujeres al entrar a las iglesias.
Existe en este lugar otro vestido femenino muy similar, que consiste en un huipil, no tan largo, hecho también de algodón y adornado con líneas verticales rojas finísimas y pequeños "cocoles" dispuestos en forma horizontal, bordados en estambre anaranjado, verde y magenta.
La falda de enredo que usan es azul obscuro y va sujeta con una faja de lana roja con rayas negras y orilla blanca.


V.MUJER CHAMULA, CHIAPAS.


En la altiplanicie central de Chiapas habita un nutrido grupo de Indígenas mayas, divididos en dos grupos por su lenguaje: tzotziles y Tzeltales. Estas gentes separadas en numerosos poblados, cercanos entre si Y a la vez alejados por lo accidentado del terreno, son guardianes celosos de sus tradiciones y costumbres.
El pueblo más conocido de los tzotziles es el de San Juan Chamula, famoso por su carnaval, que está íntimamente ligado con la época en que deben comenzar las siembras.
Aunque los antiguos mexicanos no conocieron la lana para la confección de sus vestidos, la introducción de este material por los españoles constituyó un gran beneficio para aquellos que habitan regiones frías, como lo es Chamula. Es por ello que el huipil de las mujeres chamulas se hace de lana obscura ——dejando la blanca para los hombres— sin que haya perdido en lo más mínimo su carácter original. Está listado a rayas rojas finas y su único adorno lo constituyen dos flecos de estambre sobre el pecho, similar al adorno del huipil yalalteco.
Usa este huipil dentro de la falda de enredo, que es del mismo material, que ata formando un tablón al frente con un ceñidor rojo. En la cabeza lleva para protegerse del sol un tapado del mismo material, simplemente doblado en varias partes y colocado sobre ella.
 

VI.HUICHOL DE STA. CATARINA, JALISCO.


El pueblo de Santa Catarina, situado en el centro de la Sierra de los Huicholes, del Estado de Jalisco, es uno de los más importantes y que mejor han conservado sus tradiciones.
El vestido masculino, que confeccionan sus mujeres, es uno de los más bellos de México. Cada una de sus piezas constituye verdaderamente una obra de arte por la finura y buen gusto con que están bordadas a punto de cruz, o labradas en telar primitivo.
El traje y atavío consisten en lo siguiente: Sombrero de palma o "roporero", adornadas con borlas de estambres de colores en la parte superior de su copa baja; el ala festoneada de fieltro rojo y con colgajos hechos de capullos de mariposa. La camisa o "rahuarero", hecha de manta, con mangas semiabiertas y faldones muy largos, bordados con grecas de varios diseños y colores y animales diversos. Bajo la camisa llevan el calzón o "shavereah.", de piernas muy amplias y también bordadas con los mismos diseños/A la cintura llevan ceñidas varias fajas, unas de lana y otras de algodón, tejidas en telar con diseños geométricos variadísimos. Las unas son blancas y del color pardo obscuro natural de la lana y las otras multicolores. Bajo estos ceñidores se atan una especie de cinturón hecho de bolsitas unidas por sus extremos superiores y decoradas con punto de cruz en diseños alternados y borlas de estambre rojo en sus extremos inferiores. Esta prenda se llama "cosihuire" o queitzaruame,,. El "tuhuarra" es una capa ricamente bordada y orlada de franela roja y listón malva, y es tal vez la prenda más vistosa del atavío huichol. Calzan huaraches y no es raro verlos usar anillos, aretes y pulseras de chaquiras de colores.
Los huicholes se distinguen también por sus famosas tablas de estambres de colores y sus "Ojos de Dios", que hacen bajo el influjo de la droga del peyote, y que tienen para ellos significado religioso.
Como casi todos los indígenas de México, cargan siempre sus bolsas o morrales, uno de lana parda y blanca, tejido en telar con bellos diseños, y otro de algodón, bordado del mismo modo que las bolsitas del "cosihire”.
VII.TACUATE DE LA MIXTECA BAJA, OAXACA


La llamada Mixteca Baja es la zona tropical que se encuentra entre la Sierra Madre del Sur y la Costa del Pacífico, en la región limítrofe de los Estados de Guerrero y Oaxaca. Dentro de este último está el pueblo de Zacatepec, que conserva aún la lengua mixteca, formando un núcleo ahogado entre triques y amuzgos.
El vestido de los tacuates es muy interesante, pues conserva reminiscencias prehispánicas. Consiste en dos piezas: Camisa y calzón. La camisa es una especie de bata con dos faldones muy largos, abierta por ambos lados, con las mangas también abiertas a lo largo de los brazos y cerradas tan solo por los puños.
El calzón es corto, arriba de las rodillas, pero muy amplio. Ambas prendas están profusamente decoradas con un bordado finísimo de toda clase de animalitos, águilas bicéfalas y motivos geométricos. La camisa lo lleva de los hombros al estómago, formando un triángulo y los calzones en su borde inferior.
La forma de vestirse es así: el calzón primero, luego la camisa pasando el faldón trasero por entre las piernas hacia el frente, a modo de taparrabo o "maxtlatl" y se enrolla con el calzón, sujetándolo con un ceñidor rojo y negro, que pasa sobre el faldón de enfrente. La tira que queda colgando de éste se dobla hacia arriba y se mete dentro del ceñidor, formando una especie de bolsa, quien utiliza para guardar objetos.
 

VIII.HUISTECO, CHIAPAS.


Es el traje del huasteco uno de los más vistosos e interesantes de la altiplanicie chiapaneca. Se diferencia grandemente del de los grupos vecinos principalmente por su calzón corto y ancho, de forma curiosa cruzado entre las piernas, que está inspirado en el estilo de los calzones que llevan las imágenes de los arcángeles barrocos, como la que existe de San Miguel en la Iglesia de Huistán.
Este calzón consiste en una amplia tela de manta que coloca en la parte posterior de la cintura y la cruza entre las piernas, con numerosos pliegues, a modo de pañal. Luego la sujeta por medio de una gran faja o ceñidor que trenza en la cintura, dejando ambos extremos a los lados de cada pierna.
Su camisa, que usa dentro del calzón, es una especie de huipil con mangas y abierto por ambos costados, confeccionado con manta doble, y lleva bordado atrás de los hombros una línea de sencillos dibujos geométricos en colores azul y rojo.
El sombrero de los huastecos es también característico. Es pequeño, de copa muy plana y sus alas se proyectan hacia arriba, dándole la apariencia de un plato, el cuál usan inclinado al frente y sujetan con una cinta roja a la nuca.
Sobre la espalda, sujeto a la cabeza debajo del sombrero, usan una bolsa o morral de la que cuelgan la cobija y todo cuanto se les ocurre cargar. En los pies llevan huaraches de correas de cuero entretejidas y suelas de llanta de automóvil.
La disposición de los huastecos es siempre jovial y amable, siempre van muy limpios y bien arreglados y aunque sus vestidos sean viejos y raídos se-ven bien zurcidos por su esposa, como un símbolo de su buena crianza.
Iwes zeato Nues ve nexteo

  
IX.MUCHACHA DE BACHAJON, CHIAPAS.


El sentido de regionalismo parece una de las características de las gentes que habitan las regiones montañosas. Así, todas las congregaciones indígenas de los Altos de Chiapas tienen sus rasgos particulares en el vestido que las distinguen entre sí. Los habitantes de cada pueblo en esta región pueden ser fácilmente identificados por la forma en que visten.
El atavío de las tzeltales de Bachajón, situado al noreste de San Cristóbal de las Casas, es uno de los más diferentes de los que usan las mujeres en la región tzotliltzeltal. Ha sufrido, sin duda, una gran influencia del traje mestizo de las mujeres de San Cristóbal, curiosamente a pesar de la distancia a que se encuentra, cosa que no ha sucedido con el de los demás pueblos del área.
El vestido consiste en una camisa de mangas cortas, de amplio escote y una enorme solapa de pliegues que cubre el pecho y la espalda. Esta puede ser de diversos materiales como el encaje o cualquier tela de algodón o seda, adornada con listones de varios colores cosidos a lo largo.
La falda es una especie de enredo de tela de algodón negra o azul muy obscuro, adornada transversalmente con listones cosidos de varios colores, que ciñen fuertemente a la cadera, formando numerosos pliegues al frente y atan a la cintura con una faja roja, negra y blanca. Al frente queda una especie de nudo que cuelga sobre la faja, tapando la hebilla metálica de ésta.
Van descalzas y usan una chalina de seda negra muy transparente. Su peinado consiste en trenzar el pelo, amarrándolo por la nuca y usan generalmente listones y broches de bisutería para adornarlo.


X.TEHUANA, OAXACA.


Uno de los vestidos mexicanos más conocidos es sin duda el de las mujeres de la región de Tehuantepec, en el Estado de Oaxaca. Las tehuanas son tradicionalmente de porte elegantísimo y gracioso y quizás, entre las mujeres mestizas, las más conservadoras en lo que se refiere al vestido. Casi nunca abandonan su traje nativo, ni aún cuando se establecen en las ciudades.
El traje varía algo según su procedencia, la ocasión y la edad de la que lo usa. Las jóvenes llevan la falda amplia, ya sea cerrada o de enredo, y las muy ancianas todavía usan el enredo, tejido en telar de cintura con hilos teñidos con púrpura de caracol y grana (cochinilla), muy ceñido a la cadera y piernas.
El traje para uso diario consiste en un amplio refajo blanco, única prenda interior que usan, y una falda de tela de color brillante, rematada por un holán de la misma tela o de encaje almidonado, que llega hasta el suelo y que ondea graciosamente al andar de su portadora.
El pecho lo cubren con un corto huipil que llega un poco más abajo de la cintura, hecho de tela roja, negra o violenta, y bordado a máquina con hilo rojo o amarillo, formando dibujos geométricos.
Es tradicional que las tehuanas vayan casi siempre descalzas, aún cuando usen el traje de fiesta. Este es parecido al del diario, excepto que está fabricado con muselina de color rojo o marrón, y bordado a gancho, con hilo de seda de color oro, un motivo de guirnalda. Otra variante de la decoración consiste en grandes flores multicolores, bordadas en el huipil y en la falda. El traje de fiesta lleva siempre la falda rematada con un enorme holán bien almidonado.
Otra prenda muy importante del vestido de ceremonia es el resplandor o "bidá: niró", que es en realidad un huipil de tapar, de origen zoque, que degeneró en una especie de tocado, ya que sus mangas que aún conserva, se cierran y pegan con almidón. Está hecho de encaje, listón y holán almidonado. En la iglesia se usa enmarcando la cara con su cuello, dejando que el resto cubra el torso como una capa, con las mangas colgando una al frente y otra en la espalda; en las festividades se pone el holán inferior sobre la cabeza, a modo de resplandor, y el resto cuelga hacia atrás.
Las tehuanas son muy afectas a las alhajas de oro y las usan en toda ocasión.


XI.MESTIZA DE YUCATAN.


El traje o "terno" de la mestiza yucateca es un derivado directo del huipil de manta blanca que usan las indígenas mayas en toda la Península de Yucatán.
Es llamado terno porque consta de tres partes: el huipil, el jubón y el fustán, todas hechas de finas telas como la batista de lino, el más fino algodón o bien de seda natural, su máxima ambición.
De las tres la principal es el jubón, que se sobrepone al huipil, y está bordado ricamente con sedas de colores, formando grandes flores y guías, alrededor del escote orleado y del borde inferior. El fustán es una falda que se ciñe a la cintura y asoma por debajo del jubón. Esta prenda está generalmente decorada con motivos deshilados en una banda tlel borde inferior, labor que ellas llaman en maya "xmanikté".
El peinado llamado "tuch" consiste en recoger el pelo hacía atrás, sin raya partida y formar con él un gran chongo el cual sujetan fuertemente por medio de un ancho listón de color brillante, formando un moño muy grande y vistoso.
La mestiza yucateca no se siente completamente ataviada si no lleva su gran fastuosidad de alhajas de oro de las que destaca el largo rosario de filigrana. Es de rigor el uso de las zapatillas blancas de tacón.
Este traje lo usan principalmente en la tradicional fiesta de la "vaquería", en la que se desarrollan los bailes populares yucatecos como el ''Torito", el "Colonté" y, sobre todo la famosa jarana.
 

XII.MUJER TARASCA DEL LAGO DE PATZCUARO, MICH.

La pintoresca región lacustre ele Pátzcuaro, Michoacán, está rodeada de bonitos pueblos habitados por indígenas principalmente, cuya economía se basa en la agricultura y la pesca. Las artesanías michoacanas son muy bellas y famosas, más extrañamente, es una región en la que predominan los grupos indígenas, el arte popular de éstos tiene un marcado acento europeo.
Así, el vestido de las mujeres tarascas, tiene una gran influencia española y casi no conserva nada del que usaron antes de la Conquista, con excepción quizás del precioso ceñidor con el que sujetan las faldas.
Su atavío consiste en un gran refajo plisado, más largo de atrás que del frente; es una falda de enredo, que consiste en una enorme pieza de lana negra o azul muy obscuro, que pliega por la parte de atrás formando tablones, dejando una especie de abanico sobre el que descansa el otro formado por la manta blanca del refajo interior. Usa al frente un delantal largo de percal o de otra tela de algodón, que a veces borda en su extremo inferior.
La camisa que usa la tarasca es de escote redondo con jareta y está generalmente decorada con bordados de punto de cruz, y a menudo, con labores de deshilado.
Anda casi siempre descalza. El pelo lo usa largo y lo peina en dos trenzas con cintas de colores que ata por el extremo y las deja colgar sobre la espalda.
Cubre su cabeza y hombros con un rebozo de manufactura local, de color azul obscuro o negro con rayas longitudinales amarillas.
 

XIII.CHINA POBLANA.

El repudio tlel pueblo por la realidad vulgar y su afán por lo pintoresco, reúnen todos los elementos que crean la leyenda. Así se hizo la de la "China Poblana".
Se cuenta que, hacía el final del siglo XVII, una princesa de Mongolia o de la India, de nombre Mina o Mirrha, capturada por piratas y vendida como esclava, fue traída a Acapulco en la Nao de Filipinas y fue comprada por un burgués poblano, quien más tarde le dio la libertad, ocupándola en su casa como sirvienta. Se dice que esta princesa, nombrada por sus patrones Catarina de San Juan, fue casada por ellos con el esclavo chino Domingo Suárez, pero que ella se negó a vivir con su legítimo esposo en razón de su alcurnia.
Catarina adoptó el vestido usual de las sirvientas mexicanas, pero el recuerdo de sus antiguos lujos la hacía adornar sus vestidos con la mayor fastuosidad posible, creándose así el traje de la china.
La realidad es que la Nao de Filipinas o "Nao de China", llegaban a Acapulco con toda clase de mercaderías de Oriente: loza, lacas, esculturas de marfil, ricas telas, etc. De ahí venía una tela de franela, pintada en rojo y blanco a modo de batik y llamada castor que, por su belleza y económico precio, fue adoptada por las mujeres del pueblo y con ella confeccionaban sus faldas, mas como el ancho de la tela era insuficiente para dar el largo que la falda requería, lo aumentaban añadiéndole en la parte superior una banda de otra tela, blanca o amarilla.
El adjetivo de "china" se aplicaba a las mujeres del pueblo en su lenguaje familiar y cariñoso. La chiera, la frutera, la sirvienta, eran personajes populares, de inmaculada limpieza y particular coquetería. Don Guillermo Prieto la describe así: " ... de falda de castor, .descote subversivo y refajo malicioso" y le dicen los poblanos: "Vea usted, un poblano sin china es como un barbero español sin guitarra, como un contrabandista sin trabuco, como un partido sin periódico. Aquí todo mundo tiene su china. . ."
Su vestido consistía en la falda ya descrita, puesta sobre un refajo cuya orilla a puntas sobresalía un poco. En la cintura llevaba una faja o chincuete rojo, y cubría su torso con una camisa derivada del huipil, decorada con dibujos geométricos, generalmente con motivos de animalitos y flores. Estas camisas aún se confeccionan en la Sierra de Puebla y en los pueblos que rodean la Montaña de la Malinche. Después, motivado por su coquetería, el escote cuadrado de la camisa se transformó en uno redondo con jareta, que abría o cerraba a su gusto.
El resto del atuendo lo completaban el tradicional rebozo "de bolita", fabricado en Santa María del Río, las medias de seda, los zapatos de raso o "chinelas" y el peinado de dos trenzas con cintas de colores, que ataban sobre la cabeza a modo de diadema.
El traje de china era adornado por sus dueñas de acuerdo con sus posibilidades y presunción, bordándole a la falda, sobre el dibujo estampado, lentejuelas de oro y plata, y chaquiras multicolores a la camisa. También los rebozos llegaron a ser de tal finura que, los mejores, podían pasar al través de un anillo.
 

XIV.CHARRO.


Desde que los españoles introdujeron el caballo en México durante la Conquista, se convirtió en el mejor amigo del campesino. Ha sido un elemento de trabajo, de defensa, de transporte y, también un símbolo de casta o condición social.
El traje, de origen salamantino tal vez, que usaban los hacendados criollos, y los arreos de trabajo de caporales y vaqueros en las haciendas, originaron, a través del tiempo, el traje del charro actual. Durante los pasados siglos el hombre de a caballo, sin importar cual fuera su linaje, trataba de hacer su vestido de montar lo más elegante, ostentoso y funcional posible. Los hacendados criollos, de origen noble o descendientes de los conquistadores, vestían con las mejores telas y los arreos más finos que pudieran darse; los capataces y caporales usaban finas gamuzas, para no deslucir y a la vez hacer resistentes sus trajes. Fue una época de bandolerismo en que los cabecillas llenaban su chaqueta y calzonera de botonaduras de plata. El pueblo llamábamos "Plateados".
Así, algo que al principio fueron menesteres del trabajo y la necesidad, divino deporte, tradición de hombría, reminiscencia de casta noble y casi símbolo de nacionalidad.
El atavío de los charros es sumamente complejo debido a los numerosos anexos, para él y su caballo, que implica. El traje consiste en lo siguiente: sombrero de ala ancha, copa alta con pedradas y adornado con chapetas y toquilla; se sujeta entre el labio y la barba con barboquejo hecho de gamuza. Camisa de algodón o lino y corbata de seda, que consiste en una banda de más de un metro de largo y catorce centímetros de ancha, de color rojo, verde, negro, blanco o gris, que se anuda al cuello dejando un lazo al frente. Chaqueta de paño (o cuero cuando es para el campo) que se abotona abajo de la solapa por medio de un chapetón doble de plata. Pantaloneras, que pueden ser de la misma tela que la chaqueta, o bien de jerga o gamuza; llevan aletones como de dos centímetros de ancho a cada lado, a todo lo largo, y para que los pantalones charros queden bien y no se suban son un poco más anchos en la entrepierna. El pantalón de gala lleva botonaduras de plata a todo lo largo de los aletones.
Calza zapatos de una pieza y usa espuelas hechas generalmente de fierro pavonado y plata.
Otros atavíos que suplen o cubren las pantaloneras son: los "tapabalazos", las calzoneras, las chaparreras, las mitazas y las chivarras.
La silla vaquera mexicana tiene fuste de madera, casi siempre forrado de pergamino y muchas veces adornado con plata. Sus partes de cuero (bastes, cantinas, arciones, etc.), están por lo general ricamente cinceladas y algunas con flecos y festones. Los estribos y demás herrajes son comúnmente de fierro y plata, como las espuelas, así como el bocado o freno.
El sarape, que va atado detrás de la teja de la silla cuando viajan o pasean, puede ser de variado origen, pero lo más codiciados son los llamados "de Saltillo", que dejaron de fabricarse hace ya muchos años.
El charro tradicional no puede dejar de llevar su revólver de calibre 38 al cinto, por eso dice el poema:
"No hay nada en el mundo Tan cerca del charro Como su pistola Su fiel compañera Pa'toda la vida. . ."




 
La Conquista no afectó grandemente las modas femeninas de los grupos indígenas, y solamente las mestizas, o las mujeres que vivían muy cerca de la nueva civilización, adquirieron elementos europeos en su atavío. En cambio el vestido masculino sufrió una transformación total, y solamente entre los tarahumaras vemos algo parecido al vestido del hombre de antes de la Conquista.
El atuendo del hombre representaba su casta y condición dentro de la organización social. Torquemada nos dice: "Las leyes suntuarias acerca del vestido, estaban basadas propiamente en los distintivos militares. Ni los señores ni sus hijos podían usar mantas labradas, de colores, joyas y plumajes, mientras no habían hecho una valentía, matando o cautivando un hombre en la guerra. Los no principales, no se podían atar los cabellos COMO VALIENTE, hasta haber muerto o preso cuatro hombres. El mismo rey electo, para ser ungido, tenía que salir previamente a la guerra y hacer una valentía, los prisioneros que tomaba eran sacrificados en particulares ceremonias. Cada grado tenía determinado vestido, colores y adornos; quien tomaba traje que no le correspondía, era condenado a muerte".
El vestido del hombre común o macehual, consistía únicamente de un taparrabo (maxtlatl) y un manto anudado sobre uno de sus hombres (tilmatl) tejido de fibras de maguey o de algodón tosco, y sandalias (cactli), hechas de cuero o de fibras de maguey tejidas. Llevaban el cabello largo y suelto sobre los hombros.
Las castas nobles, sacerdotales o guerreras, iban ataviadas con sus distintivos, que consistían en ricas tilmas tejidas en colores, adornadas con mosaico d eplumas preciosas. Cierto rango de guerreros usaban una especie de armaduras, con mallas acolchadas, complejos tocados y estandartes además de sus armas.
Todo esto tuvo que desparecer a las exigencias políticas y morales de la Conquista, y fue substituido por el calzón de manta, la camisa y el ayate, entre las clases pobres, mientras que los nobles supervivientes se vieron obligados a adoptar el vestido de los conquistadores. Como el atavío de las mujeres no tenía significación política alguna, ni infringía las leyes de la moral española, conservó su carácter indígena. Sólo durante el mestizaje de las costumbres se mezclaron las modas europea y nativa, dando más tarde origen a los vestidos mestizos de las "chinas" poblanas, las zapotecas de Tehuantepec, las zoques de Chiapas, las chontales de Tabasco, las jarochas y totonacas de Veracruz, etc.
El traje del hombre evolucionó también en diversas regiones y por diversos motivos. El sombrero de palma del campesino sufrió cambios y adquirió varios estilos; alas anchas o angostas, copas alta o bajas, se adornó con cintas, galones, estambres o listones, y las clases pudientes cambiaron su material por telas o fieltros, dando así origen al sombrero de charro. El factor económico y las necesidades del trabajo influyeron en los cambios que tuvo el traje masculino. Los hacendados hacían sus trajes de finas telas importadas. Los hombres de a caballo se vieron en la necesidad de utilizar materiales más resistentes al uso y los hicieron confeccionar de cuero o gamuza. Era frecuente ver a los caporales, mayordomos y arrieros de las haciendas vestidos de cuero, razón por la cual el pueblo los llamaba "cuerudos".
También el culto religioso influyó en el vestido masculino en ciertos casos. En Chiapas, por ejemplo, los hombres se visten a semejanza de los santos patronos de sus pueblos. Los chamulas se visten como su imagen de San Juan y los huastecos como la imagen barroca de su San Miguel Arcángel.
El sarape, derivado de la manta jerezana, adquirió una importancia enorme en el atavío del hombre mexicano. Para el indígena suplió a la tilma y para el ranchero fue su cobija, impermeable y aún lo usó como arma defensiva a modo de escudo. Se han fabricado helios sarapes en todo México, siendo los mejores los de San Miguel Allende, Sta. Ana Chiauhtempan, Texcoco, Pátzcuaro, Oaxaca, y muchos otros lugares.
El traje masculino es por lo general sobrio y varonil, aunque no es raro verlo rir camente adornado con bordados, listones, encajes y deshilados, como en el caso de los huicholes, de los tacuates de la Mixteca Tropical de Oaxaca y los Huaves del Istmo de Tehuantepec.
En los tiempos anteriores a la Conquista la elaboración de los textiles tenía variadas técnicas. Existían el tejido sencillo, el tejido de tapiz en el que la trama forma los motivos del diseño, el brocado que consiste en adicionar hilos de colores contrastados a la tela básica para formar motivos geométricos, el confite o sea el brocado de trama de lazos, el tejido labrado como una forma de damasco, el tejido de sarga del cual se han encontrado ejemplos en exploraciones arqueológicas, la basa, el bordado, el pin-tado, el hatik, etc.
Muchos de los motivos decorativos en los textiles indígenas actuales son de origen prehispánico, pero otros nuevos han sitio introducidos de diversas fuentes, tales como anuncios comerciales, tarjetas postales, patrones de revistas femeninas, y aún se ha visto el caso, en la Sierra de Puebla, de una camisa con el bordado inspirado en el escudo de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Es bien sabido que los tintes que usaron los pueblos de América y las técnicas de teñido alcanzaron un desarrollo extraordinario. Las telas peruanas conservan hoy casi intacta la frescura original de su color, y los pocos fragmentos de telas mexicanas que han sido encontrados, a pesar de las condiciones adversas para su conservación, muestran los tintes en bastante buen estado. Los materiales que usaron fueron de origen vegetal, animal o mineral. Todavía se usan ciertos tintes tales como el caracol o púrpura, la cochinilla, el achiote y otros.
Actualmente todas las labores de decoración «le los textiles se hacen con hilos y estambres comerciales, excepto los que se fabrican en ciertos lugares como en el Sur de la Costa del Pacífico en donde aún se tiñen con el caracol o púrpura, y los coloreados con la cochinilla, el palo de tinte, etc., que son ya muy raros. Todas estas telas se tejen en el telar de cintura y se usan principalmente para faldas o enredos, fajas y ceñidores.
El uso del telar de cintura está muy difundido por todo México, y en algunas regiones fabrican sus propias mantas para huipiles, quechquemiles, camisas y demás prendas. La técnica de tejido es la misma que la de hace siglos, por lo cual veremos que muchos de los vestidos indígenas, que han conservado su carácter a través del tiempo, son los mismos, desde que tenemos noticia de ellos por los códices, las descripciones de los cronistas de la Conquista, hasta los que hoy existen.
Sólo la introducción de las telas industriales en los centros indígenas hará que poco a poco vayan desapareciendo estos antiguos telares, y quizá también, veremos desaparecer gradualmente los bellos trajes indígenas de México.
Eugenio Fischgrund ha sido uno de los primeros editores en dar a conocer por medio de sus publicaciones el folklore y el arte mexicano, y ahora, con esta edición, presenta un aspecto nuevo y auténtico del conocimiento sobre los Trajes Regionales de México.
POR OIRAS EDICIONES SOBRE El FOLKLORE RIE Y CIUDADES IMPORTANTES DE LA REPUBLICA MEXICANA-ESCRIBA A FISCHGRUND APARTADO. México 1, 0. F. Esta segunda edición de 5,000 ejemplares en español, se terminó de imprimir en julio de 1978      Impreso en México por
Rekara Impresores Monlaiiriol, S.

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