domingo, 23 de junio de 2013

LO NEGRO DEL NEGRO DURAZO - JOSE GONZALEZ G. parte5



¡Hijo de Tigre, Pintito¡
Me supongo que a estas alturas usted se preguntará quién es el consentido en la familia Durazo; es un troglodita que cuando yo lo conocí tenía escasos 17 años; se llama Francisco Durazo Garza, pero el Negro y su esposa le dicen cariñosamente yoyo Voy a relatar algunas de sus “proezas”. Siempre con ojos vidriosos y dilatados por él uso de enervantes, el Yoyo es un tipo que se la pasa odiando a todo el mundo y haciendo gala de sus grandes influencias, ya que su mamita Silvia Garza de Durazo se desvivía constantemente por fomentarle su absoluta superioridad sobre los demás seres humanos —léase nosotros—, es decir, cualquiera que no se apellidara Durazo Garza. Con base en esta “educación”, el Yoyo se recreaba a costa de los demás, sin que hubiera poder que lo apaciguara. Por lo pronto, se acompañaba mínimamente de dos patrullas de la DIPD con ocho agentes “escogidos”, o sea, de los más agresivos e impreparados de la corporación. Su coche debía estar supe reforzado por todas partes, ya que no admitía que nadie se interpusiera a su paso, pues el que osaba hacerlo se veía necesariamente embestido por ese “tanque de guerra” disfrazado de automóvil; además, el muchachito se sentía muy bien apoyado por ocho pistoleros armados con metra lletas de fabricación alemana y con patrullas reforzadas con defensas “tumba burros”, las que en un Momento dado arlaban el “golpe de gracia” a quien se atreviera a protestar contra las arremetidas de su patroncito, ¿A usted no le tocó enfrentarse con el energúmeno júnior, por ejemplo en el Anillo Periférico, la vía que usaba diariamente para llegar al Colegio Irlandés, allá por el rumbo de Tecamachalco? A propósito de! Colegio irlandés, de gran renombre sobre todo entre nuestros políticos encumbrados, recuerde una anécdota sobre el Yoyo que revela la animalidad de este sujeto, y al mismo tiempo la sumisión y el oportunismo de quienes, por una u otra razón, se relacionaban con el Negro. Un día de junio o julio de 1978, me habló el Yoyo a la oficina de Durazo:
—Oye pinche teniente coronel, acabo de desmadrarle el coche a uno de los profesores de mi escuela, Porque el cabrón reprobó a uno de mis amigos, así es que si se van a quejar con mi papá, no los dejes pasar. ¿Qué había hecho en realidad el simpático Yoyo? Pues nada, que cuando el profesor aludido abordó su coche particular para salir del colegio, el Yoyo lo interceptó con sus ayudantes, y tomando una de las metralletas se dedicó a romperle vidrios, cofre, carrocería y llantas, mientras el profesor permanecía preso de angustia en el interior del vehículo, con los seguros puestos; terminada su gracia, el Yoyo se fue con sus ayudantes y amigos, jactándose de su proeza. Al día siguiente de los hechos se presentó en la oficina del Negro Durazo el director del Colegio Irlandés, un cura (precisamente irlandés) acompañado por el profesor agredido y otros tres curas también irlandeses, con el objeto de presentar su queja. Le comuniqué al Negro los motivos de la visita, y me dijo:—Mira pinche flaco, llama a Sahagún y trae de la caja verde que tengo en el armario de mi privado, 500 000 pesos, y luego pásame a esos pendejos. Yo esperaba una auténtica reclamación por la gravedad de los hechos, pero el director del Colegio Irlandés salió con otra cosa:—Mi general, no sabe la pena que me da molestarlo con estas “naderías” pero tenemos que preocuparnos por la educación de su hijo “Paquito”, que es tan brillante.—Mire padre, no hay nada en la vida que no tenga remedio, por lo pronto ya te ordené al coronel Sahagún, aquí presente, lo compra un automóvil del año, de la marca y del color que escoja el profesor; y para usted, aquí le tengo un pequeño óbolo de 500 000 pesos para su colegio, a fin de que nos siga favoreciendo al impartir educación a nuestros hijos, ya que como usted sabe nuestras escuelas mexicanas están muy atrasadas y no hay ni señas de que se pueda componer. El cura irlandés, el profesor agredido y acompañantes se retiraron del lugar totalmente satisfechos, máxime que Sahagún Baca, interpretando el sentir de su patrón, ya les había comunicado que en el sótano les estaban esperando con una televisión a colores de control remoto y unos aparatos de sonido para cada uno de ellos, como prueba de su afecto. Otra de las proezas del Yoyo ocurrió cuando se encontraba en su casa del kilómetro 23.5 de la carretera a Cuernavaca, acompañado por sus amigos. Aburrido, sin nada qué hacer, les ordeno a sus “ayudantes” que detuvieran a los meseros y los Cocineros para inyectarles coca cola en las regiones glúteas, mientras él y sus amigos esperaban a ver cómo reaccionaba esa pobre gente. De todo esto podría informar más ampliamente un mesero apodado el “Grande”, quien actualmente es jefe del servicio del comedor del general Ramón Mota Sánchez, actual director de la DGPT. Para otra de sus diversiones favoritas, el Yoyo y sus amigos mandaban comprar gran cantidad de huevo, y junto con sus amigos ponía un letrero que decía: péguele al policía. Y después de compartir mariguana, cocaína y pastillas sicotrópicas rebajadas con Amareto todos se dedicaban a acribillar con huevos al personal uniformado que se encontraba de guardia en la casa; obviamente, los policías tenían que soportar esta degradación, so pena de ser sancionados por la señora Durazo si dejaban de complacer a su “bebé”, como ella lo llamaba. Sólo en 1979, el intrépido Yoyo mató a un ciclista que se “atravesó” en su camino, a una viejecita en un tianguis, a la cual embistió a pesar del gran número de gente que ahí se encontraba, y a un compañero de escuela cuando se volcó en el Periférico con un automóvil deportivo en el que corría a más de 250 KPH; por supuesto, estos hechos de sangre no tuvieron mayor trascendencia, gracias a la intervención de papá Durazo. Cuando regresaba de su escuela, acompañado como siempre de amigos de su misma calaña, otra de sus “gracias” consistía en ordenar a sus ayudantes que bloquearan con las patrullas a su servicio la circulación del Anillo Periférico, a la altura del canal 8 de televisión; su único fin al hacer esto era tener completa libertad para realizar acrobacias en su motocicleta sport y así quedar bien con una modelo que trabajaba en ese canal. Obviamente, no le importaba la desesperación e impotencia de las personas que a esa hora de intenso tráfico quedaban varadas hasta que el Yoyo terminaba su espectáculo. Pero nadie se atrevía a proferir ninguna queja, ante la presencia de ocho gorilas vigilantes armados hasta los dientes. Cierta ocasión en que salía para el puerto de Acapulco, acompañado de sus amigos, el Yoyo logró suspender un vuelo de Mexicana de Aviación con todos los pasajeros a bordo, porque con su acostumbrada prepotencia ofendió gravemente a una dama que iba a abordar el mismo avión; sin embargo, resultó ser la esposa del capitán del vuelo, quien al enterarse de la “gracia” trató de llamar la atención al causante, sin saber de quién se trataba. Lo único que logró fue una salvaje golpiza que le propinaron los ayudantes del Yoyo, teniendo que ser atendido en un hospital. Ante tal escándalo, los agentes de la Policía Judicial Federal de Servicios en el Aeropuerto Internacional detuvieron al agresor y a sus ayudantes, a los que tuvieron que dejar en libertad cuando Durazo tuvo conocimiento de los hechos. La única reacción de la señora Durazo, al llegar su “bebé” a Casa después del desaguisado, fue llamarme para decirme:—Mire Pepe, a mi hijo ningún pistolero barbaján e impreparado de los que usted le pone para cuidarlo va a causarle un trauma ni a frustrarle su viaje; ordénele a ese pendejo de Sahagún Baca que mande por el Yoyo y alquile un jet ejecutivo para que lo lleven al puerto de Acapulco con sus amiguitos. Por supuesto, así se hizo. Y el Negro por su parte, para justificarse con los dirigentes del Sindicato de Pilotos de Mexicana de Aviación, los invitó a un desayuno en el comedor de su despacho y les regaló a todos credenciales de policía y otros presentes. Así quedó arreglado aquel “pequeño incidente”.
VIII
La Nefasta DIPD de Sahagún
Quiero manifestarles que dentro de mi carrera policiaca varias veces serví en c) entonces Servicio Secreto (transformado posteriormente en División de Investigaciones para la Prevención de la Delincuencia, DIPD), y siempre me sentí orgulloso de ello, pues a este cuerpo se le reconocía, incluso a nivel mundial, por su capacidad en la lucha contra la delincuencia organizada.Hablo, desde luego, de cuando esta unidad estaba integrada por grandes investigadores como don Rafael Rocha Cordero, quien a base de méritos propios obtuvo el grado de coronel y actualmente es subdirector de la Policía Judicial Federal. El, precisamente cuando Durazo llegó a la DGPT, fue presionado en tal forma que hubo de renunciar a la dirección de la DIPD, pues dada su reconocida integridad optó por no prestarse a los malos manejos que le propuso el Negro Durazo; ante tal oportunidad, éste lo sustituyó por su “colaborador” y cómplice preferido, el “coronel” Francisco Sahagún Baca. Volviendo a los grandes investigadores con que en otros tiempos estuvo integrada la recientemente desaparecida DIPD, podría enumerar a los mayores Roberto Cuevas Aatolín, Rosendo Páramo Aguilar, —uno de los mejores investigadores de homicidios—; los hermanos Islas Rueda, Facundo Godínez; Fidel Malpica Urite —uno de los más capaces investigadores para la localización de vehículos robadas, reconocido en toda la República, aunque lamentablemente continúa desaprovechado hasta la fecha, y quien también prefirió solicitar su bala de la DGPT antes de aceptar ser “protector de robacoches, según se lo propuso Sahagún Baca—; Silvio Brusolo —viejo conocedor del hampa—; el mayor Jorge Udave —todo un caballero y magnífico detective—; y tantos más que de momento no vienen a mi memoria, pero todos ellos verdaderos policías de carrera que tendrán siempre mi reconocimiento y respeto. Sé que fueron marginados por Durazo a pesar de su gran trayectoria policiaca, porque él estaba consciente de que con ellos no lograría sus nefastos propósitos: seguir controlando el tráfico de drogas en el país, el contrabando a gran escala de productos extranjeros y la realización de todo tipo de actividades delictivas. Una vez que Durazo y Sahagún lograron nulificar a este personal, colocaron en sus puestos a los siguientes hampones, todos ellos amplia y tristemente reconocidos a lo largo de nuestro territorio:
Carlos Bosque Zarazúa, nombrado “mayor” y jefe de la Brigada Especial que se componía de 16 grupos de 25 agentes, es decir, un grupo por cada delegación del DF; su consigna principal consistía en controlar el tráfico de todo tipo de estupefacientes en la metrópoli.
Carlos Arturo Cisneros Schafer, especialista en efectuar secuestros y extorsionar a personas pudientes, principalmente de origen árabe y judío; también lo utilizaron para fabricar supuestos fraudes en contra de connotados industriales y comerciantes, con lo que generaba enormes ganancias para sus patrones.
Adrián Carrera Sánchez, uno de los más funestos colaboradores de Sahagún, quien, entre otras concesiones, tenía la de controlar aproximadamente a 3 000 doctores y parteras dedicados a practicar legrados (muchos de los cuales causaron la muerte a sus clientas, quedando impunes estos homicidios); ellos debían entregar 150 000 pesos mensuales para poder “trabajar” con toda impunidad. Como dato curioso, sólo por este concepto el dúo Durazo Sahagún recibía 450 millones de pesos cada mes.
Cabe hacer notar que el personal comisionado al “Plan Tépito” sólo permanecía un máximo de tres o cuatro meses en su cargo pues en ese corto tiempo amasaba una gran fortuna y había que seguir “premiando” otros de los que hubiesen hecho suficientes “méritos” con Durazo o con Sahagún.
Roberto Reta Ochoa; jefe de una Brigada Blanca “particular” de Durazo y que “trabajaba” con toda impunidad a lo largo de todo nuestro territorio, cometiendo un sinfín de extorsiones y arbitrariedades bajo el pretexto de perseguir a guerrilleros, aunque la verdad es que para tal fecha éstos ya no existían en el país; para su operaciones contaba con la complacencia de las autoridades federales, las que nada podían hacer ante el poder omnipotente que López Portillo había otorgado al Negro Durazo. Reta Ochoa fue muerto junto con los agentes Valentín Rigoberto Martínez Cuevas y Gregorio Galván Dorantes, al cometer una de sus tantas fechorías en la ciudad de Abaxolo, Guanajuato; en ese mismo enfrentamiento, Francisco Candiam) Zamora resultó gravemente herido (no recuerde si posteriormente murió). A todos ellos los enterró Durazo con todos los honores en la ciudad de México, como si hubieran caído en actos heroicos de servicio.
Manuel Cavazos Juárez; era el jefe del grupo “Zona Rosa”, cuya misión principal era controlar la prostitución y la venta de todo tipo de estupefacientes en esa área desde luego, extorsionar a propietarios de restaurantes, bares y cabarets del lugar.
Hubo muchos más, miles de hampones con negros antecedentes, quienes únicamente se dedicaron a atracar a la ciudadanía vejándola y extorsionándola con mayor crueldad cuando no tenía posibilidad alguna de defenderse (pienso en obreros y trabajadores modestos, así como en gente del campo que tenía la desgracia de llegar a la capital).
“Eres Buen Ratero, Pero.”
Todos los jefes de Brigada de la DIPD tenían que ceder la mitad de sus ganancias a Sahagún Baca; pero además, para “gastos del patrón” debían entregar 100 000 pesos quincenales. En un principio eran nueve brigadas normales con cuatro grupos cada una, sin contar la “especial” de las Delegaciones, que debía entregar 400 000 pesos diarios, más “Plan Tépito” y “Zona Rosa”; asimismo, la Brigada de Guardia debía entregar para gastos de cocina, bar y “varios” de la parejita Durazo Sahagún, la cantidad de 50 000 pesos diarios; todo lo cual hacía. Un total de cuatro millones 500 mil pesos mensuales, independientemente de lo recaudado en los “grandes golpes”, que pertenecía íntegramente al Negro. Si algo hay que reconocerle a Durazo es su talento especial para hacerse de dinero, a costa de lo, que fuera; un ejemplo de ello lo constituye este cambio de impresiones que tuvo con Sahagún Baca a propósito de las Brigadas: —Pinche Pancho, eres buen ratero pero no buen administrador, ¿No se te ha ocurrido que si con nueve brigadas y otra de Delegaciones recaudan cuatro millones quinientos mil pesos mensuales, por qué no hacer 18 Brigadas y una más de Delegaciones? Las formas con sólo dos grupos cada una, en lugar de cuatro, y la de Delegaciones con dos Brigadas de ocho grupos; así, además de doblar las entradas, recaudarás una cantidad extra por ascender a 10 elementos a jefes de Brigada. Este ascenso, por cierto, costaba un millón de pesos. Por eso, ni tardo ni perezoso, Sahagún Baca reconoció su falta de tacto: —Patrón, de veras que soy pendejo. ¿Qué haría yo sin sus consejos? Por eso lo respeto y lo quiero más que a mi propio padre. Sería bueno añadir que esta confesión, en la que hasta su padre salía involucrado, se la hacía Sahagún Baca a todo el que lo quisiera oír. Y bien, al día siguiente de este ilustrativo diálogo se aumentó el número de las Brigadas de la DIPD y se “ascendió” a los elementos más capaces$$$, con lo que se duplicaron las ganancias. Sin embargo, la desmedida ambición del Negro y Sahagún Baca fue la causa de que murieran varios agentes y jefes de la DIPD; ya cité el caso de Reta, y ahora describiré otros que viví de cerca.
Una emboscada en Guerrero
El tres de octubre de 1979, los diarios informaban de la muerte de cuatro agentes de la DIPD a manos de traficantes de drogas en la sierra de Guerrero; se trataba de Juan Ayala Ángeles, Miguel Rodríguez Rodríguez, Carlos Órnelas Rivas y José Luis Rodríguez Ángeles. Con el fin de localizar y rescatar los cuerpos de dichos elementos, fui enviado a la sierra junto con el teniente coronel Reynaldo López Malváez, entonces subdirector de la DIPD, más un grupo de aproximadamente 30 agentes, todos voluntarios, dado el riesgo que implicaba una misión de este tipo. Según los antecedentes del caso, resulta que los agentes habían conocido en la ciudad de México a dos mujeres de la vida galante que “adoptaron” como amantes. Ellas eran oriundas del Estado de Guerrero y conocían a la querida de un tal Zenón “N”, quien junto con su gavilla traficaba con drogas en la sierra del Estado. Las mujeres les propusieron a los agentes trasladarse hasta Chilpancingo para detener a la amiga de Zenón, pues sabían que por ser también intermediaria en el tráfico de enervantes, siempre tenía en su domicilio grandes cantidades de dinero y “mercancía”. Con estos datos, los agentes pidieron a su jefe inmediato, el “mayor” Adrián Carrera Sánchez, autorización para actuar, y éste a su vez consiguió el permiso de Sahagún Baca, quien ordeno que en los informes oficiales se mencionara que el personal iba a Chilpancingo para recuperar automóviles robados. De ese modo se disfrazaba la verdadera finalidad (de la misión: descubrir traficantes que no tenían localizados y apoderarse de su “mercancía”. Una vez en Chilpancingo los agentes decidieron proteger a las mujeres que los acompañaban haciéndolas aparecer como detenidas, y sin pedir apoyo a la Policía Judicial del Estado arrestaron inmediatamente a la amante de Zenón “N” en su propio domicilio: la mujer les propuso la entrega de un millón de pesos y un kilogramo de heroína que era todo lo que tenía, para que la soltaran. Ellos aceptaron. Se comunicaron con Adrián Carrera para saber si Sahagún Baca estaba de acuerdo con su regreso; pero éste con su insaciable sed de “ganancia”, ordeno que los agentes y las detenidas fueran a la sierra por Zenón “N”, ya que ahí, seguramente, el botín sería mucho más sustancioso.
Así, en un acto de absoluta irresponsabilidad, los cuatro agentes y las mujeres se internaron en lo más abrupto de la sierra guerrerense, a donde sólo se llega después de 12 horas de camino: siete de ellas atravesando brechas en vehículo, y cinco más a pie o a caballo. Iban prácticamente inermes, pues sólo llevaban sus pistolas con una carga de cartuchos (armas inútiles en esos lugares) y una carabina 30M-1 con sólo 15 proyectiles. En ese tiempo, ni siquiera el Ejército disponía de vigilancia en aquella zona, pues se concretaba a poner retenes en algunos accesos al área ir hasta eso, muy retirados del lugar de los hechos. Obviamente, cuando los agentes llegaron a la parte controlada por el tal Zenón “N” (su gavilla, según nos informamos, rebasaba los 30 individuos), fueron salvajemente masacrados. Nosotros al rescatar sus cuerpos, apreciamos que el menos sacrificado tenía alrededor de 30 balazos de varios calibres. Además, antes de asesinarlos los habían obligado a cavar su propia tumba: poro logramos encontrar los cadáveres gracias a que los traficantes dejaron con vida a las mujeres pensando que los agentes las llevaban detenidas. De no ser por ellas, nunca se hubiera sabido el fin de esos pobres infelices. Pero estos crímenes, como tantos otros, sólo pueden deberse a la enfermiza ambición de Durazo y Sahagún Baca.
A la Caza de un “arsenal”
Un caso similar ocurrió en 1979, en un edificio de la avenida Chapultepec 596, esquina con Agustín Melgar, frente al Bosque de Chapultepec. Ahí, según informes “fidedignos”, el “mayor” Bosque Zarazúa había localizado un arsenal perteneciente a algún grupo subversivo. Sahagún Baca ordeno entonces, sin previa investigación, que se allanara el domicilio. Para ello, se comisionó al comandante José de Jesús Cruz Mares y a tres de sus agentes, quienes al tratar de entrar por la fuerza fueron recibidos a tiros, muriendo instantáneamente los cuatro. La triste realidad de los hechos la conocí porque esa misma madrugada Sahagún Baca me Llamo de urgencia, pues me encontraba de guardia:—Don Pepe, nos acaban de matar a Mares y a tres de sus agentes; acompáñeme al lugar porque creo que nos metimos en un broncón de la rechingada. Al llegar al edificio encontramos en las escaleras, casi frente a la puerta de uno de los departamentos, a los compañeros muertos. De pronto, me di cuenta que en el interior había un individuo y le disparé de inmediato, hiriéndolo en un brazo; cayó desmayado sobre una mesa de vidrio, momento que aprovechó Bosque Zarazúa para entrar al departamento y dispararle, al hombre caído y desarmado, hasta en dos ocasiones, sin que por fortuna lograra matarlo (qué valiente y buen tirador el “mayor” Bosque, ¿verdad?); fue entonces cuando escuché los lamentos y los gritos de una mujer y dos jóvenes que decían:— ¡Asesinos!, ¿por qué quieren matar a mi papa? Me volví inmediatamente al herido, quien continuaba desmayado, y me Lleve una terrible sorpresa: era un conocido amigo mío, Gustavo Olguín, gran deportista y en ese entonces colaborador de Alicia y Margarita López Portillo. Me di cuenta, además, que no existía tal acopio de armas y explosivos como había informado Bosque Zarazúa, sino una caja con dos o tres pistolas deportivas, todo lo cual contaba con la respectiva promoción de la Secretaria de la Defensa, ya que Olguín practicaba el tiro y, para desgracia del comandante Mares y sus hombres, había demostrado ser buen tirador. La triste verdad fue que Gustavo Olguín, al sentir con toda razón que su hogar era arbitrariamente allanado, trató de defender la integridad de su familia, usando sus armas contra los sujetos que ya habían logrado destrozar la puerta, sin identificarse en ningún momento como policías, Le di un informe de lo ocurrido a Sahagún Baca, quien había permanecido mientras tanto a prudente distancia, dentro de su vehículo.— ¿Está usted seguro de lo que me está diciendo, don Pepe? Porque si es así, mejor de una vez lo rematamos y nos quitamos de pendejadas, pues esto va a traer graves consecuencias.— ¡No la chingue, mi coronel! Le respondí molesto—, Tendríamos que matar a toda la familia. ¿Y qué justificación podría haber para tal masacre? Sin más remedio, le llamó a su “patrón” Durazo para comunicarle lo sucedido, y el Negro ordeno que nos lleváramos a Gustavo Olguín y a toda su familia al “corralón” de Tlaxcoaque, donde hay un puesto de socorro. Mientras tanto, él se comunicaba a Los Pinos con Margarita López Portillo. Cuando Gustavo Olguín era atendido, Durazo se presentó nada menos que con Doña Margarita. Luego de una breve conferencia entre ellos, Sahagún Baca me llamó: —Mire don Pepe, esto hay que tratarlo con discreción. No lleve a ningún agente; sólo el “coronel” .Mantecón, usted y yo vamos a llevar a este cabrón al hospital “Santa Elena” para quesea atendido. Pasadas las cinco de la madrugada, Olguín fue intervenido y colocado en un cubículo de terapia intensiva, Sahagún Baca decidió retirarse:—Ahí” lo dejo, don Pepe; lo hago responsable de que este pincho homicida permanezca aquí, hasta que el señor Presidente ordene lo que debemos hacer. Al rato le mando refuerzos. Sí, llegaron los refuerzos, pero hasta el otro día. Mientras tanto, pasé verdaderos momentos de angustia, porque la esposa y los hijos de Gustavo me estuvieron insultando todo el tiempo; además, con toda razón. Pero él nunca me reconoció, afortunadamente, por el Estado tan penoso en que se encontraba. Incluso, en un momento dado se presentaron miembros del Estado Mayor Presidencial diciendo que por ordenes de Alicia López Portillo se llevarían al lesionado; pero yo lo impedí, excediéndome en el cumplimiento de las órdenes recibidas, pues como vi que eran demasiados, le apunté al herido con mi pistola y le dije a quien estaba al mando:—Mire oficial, usted como militar está acostumbrado a cumplir órdenes; por eso, usted comprenderá que yo también como policía sé cumplirlas. En este caso hay cuatro muertos, y se me ordeno que el herido permanezca aquí hasta que mis superiores no decidan lo contrario. Pero si usted quiere hacerlo de otro modo, aquí nos lleva la chingada a todos, y el primero que se va a morir es este cabrón (perdón, Gustavo Olguín).No es difícil imaginar los improperios que recibí en ese momento por parte de la esposa y los hijos de Olguín, quienes además suplicaban a los elementos del Estado Mayor Presidencial: — ¡Rescátenlo de manos de ese asesino, por favor! Afortunadamente, hizo su aparición el secretario particular de Alicia López Portillo, Carlos García Sancho, quien me reconoció al instante y ordeno: —Señores, el teniente coronel José González sólo está cumpliendo órdenes, aquí no va a pasar nada hasta que no recibamos instrucciones superiores; luego se volvió a mí y me dijo: —No te preocupes mi Pepe, aquí no va a pasar nada, cumple con tu deber. Le agradecí su intervención y esperé hasta que fui relevado, cosa que sucedió mucho tiempo después, cuando llegó Bosque Zarazúa con 20 agentes; vi que tomaba por asalto el hospital, como era su costumbre, y sólo me concreté a mentarle la madre, y me retiré del lugar. ¿Qué pasó después? Yo me pregunto lo mismo, pues me enteré que Gustavo Olguín había quedado libre, con toda justicia. Los muertos fueron debidamente enterrados y todos contentos, con Sahagún Baca y Bosque Zarazúa “trabajando” en bien de la ciudadanía. Sólo espero que sí Gustavo Olguín llega a leer estas líneas, me disculpe y trate de comprender, aunque seguramente le será muy difícil, mi participación en este vergonzoso caso.
El Caso Sulaimán
Seguramente usted recordará que el mes de agosto de 1982 los medios de comunicación conmovieron a la opinión pública, porque el Negro Durazo y Francisco Sahagún Baca dieron a conocer la captura de un gran “saqueador” de nuestras riquezas arqueológicas, al que presentaron con lujo de prepotencia y heroísmo; se trataba del licenciado José Sulaimán, presidente del Consejo Mundial de Boxeo (CMB).A propósito de éste tan sonado caso, me voy a permitir exponer la triste realidad de lo ocurrido, haciendo la observación de que todo se debió a la inestabilidad mental del Negro Durazo y Sahagún Baca, acrecentada por los excesos en la combinación de droga y alcohol, misma que les hizo arruinar al licenciado Ferrer Mac Gregor y casi acabar con deshonestos trabajadores León Sandoval Tableros y Javier Pérez Mancera. Sahagún Baca estaba, por esas fechas, en una de sus clásicas y continuas reuniones en su priva de, acompañado por gente del medio artístico y señoras de la vida galante, ingiriendo grandes cantidades de alcohol acompañadas con inhalaciones de cocaína y cigarros de vacerola; de pronto me mandó llamar y me dijo: —Mire don Pepe, por unanimidad mis invitados y yo pensamos que ese tal Sulaimán es un pinche payaso, así que lo vamos a poner en orden organizándole un gran pedo. Ahorita me están informando que en su domicilio particular tiene una gran colección de piezas arqueológicas, y con ese pretexto hay que detenerlo, para acusarlo de robo a la Nación y lo que resulte. Quiero balarle los humos. Traté de explicarle que en esas condiciones nosotros no podíamos intervenir legalmente, ya que era un asunto de carácter federal; además, le dije que según mi opinión no existía delito; si el señor Sulaimán tenía las piezas como coleccionista, y no había antecedentes de que intentara sacarlas del país o venderlas, en caso de que no las tuviera registradas ante las autoridades correspondientes, sólo incurría a lo máximo en una omisión. No en un delito. En ese momento se presentó a la “fiesta” el Negro Durazo quien al oír parte de mi perorata, preguntó: — ¿Qué tanto niega este pendejo, Pancho? Sahagún Baca le explicó a grandes rasgos en qué consistía el asunto, y el Negro se volvió furioso hacia mí:-Sácate de aquí, pendejo, las leyes las hago yo; y para mañana tengo en los separos a ese cabrón. Efectivamente así ocurrió, para satisfacción de las amistades de Sahagún Baca. Por fortuna, y no obstante el giro sensacionalista que Durazo quiso darle al asunto, el señor José Sulaimán logró demostrar su inocencia ante las autoridades competentes, reivindicándose ante una acusación inventada. Pero cabe preguntar, ¿cuántos otros no pudieron ponerse a salvo de las “ocurrencias” del Negro y sus secuaces? ¿Cuántos siguen todavía encerrados, pagando condenas por no haberse ajustado a las pretensiones de Durazo y compañía?
El Caso de los Muertos del rio Tula
A principios de julio de 1982, el reportero Ignacio Ramírez del semanario Proceso tuvo una entrevista con Durazo en el despacho de éste; le preguntó sobre la muerte violenta de 14 individuos, al parecer sudamericanos ilegales en el país, cuya actividad era la de “asaltabancos”, asunto en el que la opinión pública lo involucraba. Estas fueron las respuestas de Durazo: —Es un “boleto” que no me competía ni me compete a mí. Todas las policías estamos trabajando en eso. —Dice usted que sigue la investigación del caso Tula. —Eso sigue y tiene que salir. No puede quedar pendiente. Sabemos cómo anda la cosa más o menos. — ¿Cómo anda la cosa?—La conclusión es ésta: fue un broncón entre gente subversiva, como un reto entre sí, además por la manera asquerosa como los aventaron al río. A este respecto, me permito exponer la realidad de los lechos según yo la viví: Era conocido de todas las corporaciones policiacas el lecho de que Sahagún Baca, con autorización de Durazo, protegía junto con sus hombres de confianza (Carlos Bosque, Carlos Arturo Cisneros, Adrian Carrera y otros) a delincuentes sudamericanos que ingresaban al país en forma ilegal; éstos carecían de antecedentes en los cuerpos policiacos y eso les permitía operar con mayor seguridad. Contando con la protección de Sahagún Baca, dichos maleantes formaron bandas para efectuar robos a gran escala en la industria, casas habitación, y principalmente en instituciones bancarias, siendo la banda de los “muertos del río Tula” la más activa de esos grupos; se calcula que sólo de los asaltos bancarios que llevaron a cabo durante los últimos meses de su actividad delictiva lograron un botín superior a los 180 millones de pesos. Como ya estaba próximo el cambio de administración en el gobierno, Durazo y Sahagún Baca, acostumbrados ya a su prepotencia con impunidad absolutas, gracias al inexplicable apoyo que les daba López Portillo, acordaron primero “calentar” a los delincuentes y quitarles el botín; esto último obviamente deben haberlo logrado, sólo que también decidieron eliminarlos. Sabían que ninguno de ellos tenía antecedentes en el país y nadie los reclamaría. Además, al “borrarlos del mapa” no correrían el riesgo de que posteriormente fueran detenidos por otras policías y confesaran sus nexos con la DIPD. Al principio todo les salió bien, pero no contaron con el detalle de que entre los 14 “muertitos” estaba incluido un taxista mexicano, Armando Magallón Pérez, quien participaba en los lechos delictuosos de los sudamericanos, dado que conocía perfectamente la ciudad; este hombre fue identificado por su señora madre y un hermano, quienes manifestaron que la última vez lo habían visto acompañado de un “grupo de turistas colombianos”. Pero la mamá y el hermano también dijeron que varias veces Armando Magallón había sido detenido por agentes que decían pertenecer a la DIPD, aunque siempre lo dejaban en libertad sin mayores problemas. Pero al correrse el rumor en la prensa de que el crimen había sido cometido por policías, la madre de Armando Magallón se presentó en la Oficina de Inspección General de la DIPD, de la cual yo era subjefe en ese momento, solicitando acceso a los ficheros de los agentes para ver si reconocía a los que con frecuencia detenían a su hijo. Durante la revisión de las fotografías noté que la señora se ponía muy nerviosa, y al rato me dijo:—Aquí hay tres que se parecen mucho a los que iban por Armando. Como en ese momento había en la oficina personal incondicional de Sahagún Baca, pensando un el riesgo que corría la señora le dije que se fuera de allí rápidamente y levantara un acta:—De preferencia recurra a la policía federal de seguridad para que la proteja, pues se encuentra usted en peligro de que la maten si éstos se dan cuenta de que ha identificado a personal de la corporación.
Y no la volví a ver.
En este caso no me quedó duda, porque vi los cadáveres de los delincuentes y tenían señales inequívocas de haber sido torturados con procedimientos policiacos; asimismo, tenían las marcas de las vendas que les habían colocado en los ojos y en las manos para amarrarlos, así como los certeros disparos que les hicieron para matarlos. Sin embargo, y de seguro por consignas autorizadas, ninguna corporación policiaca investigó el asunto.
Nerón Tocaba su Guitarra
Mientras en las calles de la ciudad de México, y en algunos casos en el interior de la República, morían agentes policiacos y civiles inocentes en actos fuera de la ley; mientras la ciudadanía sufría constantes y arteras agresiones personajes y a sus bienes, sin que hubiera término a extorsiones y vejaciones constantes por parte del personal de la DGPT, Sahagún Baca se preocupaba por debutar como “compositor” en el festival OTI, versión 1982.Sin lira, pero sí con guitarra, se dio cuenta de que su privado era insuficiente para recibir a la pléyade de cantantes y compositores que se afanaba en asesorarlo; así que mandó construir un lujoso restaurante bar al que denominó “El Perro Negro” (en honor de la colina que ustedes saben), ubicado en la colonia Postal. El chistecito le costó más de 25 millones de pesos, y el día de la inauguración pasó ahí revista casi la totalidad de los artistas y luminarias del cine nacional, entre los que estaban Mario Moreno “Cantinflas” y Marta Félix. Obviamente, todos estos aparatosos preparativos contaban con el aplauso del Negro Durazo, quien no vacilaba en decirle a López Portillo y a otras amistades:
—Vieran qué inspirado es este cabrón Pancho; va a ser el primer policía que triunfe en el festival OTI. Lo que pasaba en realidad, es que los cantantes y compositores que lo “asesoraban” capitalizaban esta faceta de Sahagún Baca porque así tenían garantizado el abasto de cocaína y marihuana, sin contar las grandes sumas de dinero que les podían caer y la impunidad; pues eran generosamente dotados de credenciales de la policía, con grados de capitán para arriba. Pero a fuerza de ser sinceros, las reuniones causaban tristeza, ya que tanto Sahagún Baca como sus invitados participaban en ellas completamente drogados y alcoholizados. Así permanecían hasta 48 y 72 horas continuas, garabateando ridículas letras para canciones que todos festejaban jubilosamente, creyendo verlas convertidas en grandes éxitos; pero como después de estas orgías ninguno de los asistentes se volvía a acordar de las grandes “composiciones”, había que repetir la fiesta para nuevamente conseguir “inspiración”. No obstante, Sahagún Baca vio coronados sus esfuerzos, pues entre varios cantantes, entre ellos Pepe Jara, le hicieron creer en sus grandes dotes de “compositor”. Fue el propio Pepe Jara quien, apoyado por una gran publicidad, defendió la “canción” en el Festival OTI de 1982; para desgracia de Sahagún Baca y seguidores, y a pesar de los gastos e influencias puestos en juego, la “canción cita” no logró calificar. ¡Cuánta podredumbre y prepotencia!  ¡Y todo, con el beneplácito de José López, Portillo!
“Contacto” en la  DIPD
Ya hice referencia a la forma en que Durazo y Sahagún Baca implantaron como obligación de los agentes de la DIPD el consumo de cocaína que, por supuesto, ellos les vendían. El medio que usaron para establecer este otro sistema de explotación fueron los jefes de Brigada, quienes “voluntariamente” tenían que adquirir la droga para poner el ejemplo entre sus subordinados.
Recordemos que en ese tiempo la cocaína pura costaba, a precio de distribuidor, 80 y 90 000 pesos la onza. Así que, como ya dijimos, cada uno de los 11 o 12 jefes “elegidos” teníamos que entregar una “cooperación” personal de 50 o 60 000 pesos semanales. Como dato curioso, sería bueno aclarar que esta pequeña venta dejaba ganancias por más de tres millones de pesos; es decir, sólo a nivel de jefes. Así pues, para recuperar desahogadamente la inversión, Sahagún Baca ordenaba que la droga se distribuyera entre el personal de agentes, obviamente “rebajada” (recuérdese que la coca pura soporta hasta cuatro “cortes” sin perder totalmente su efectividad), a fin de permitir que los jefes de Brigada y comandantes obtuvieran sus ganancias. De esa manera la inversión se cuadruplicaba. Por todo esto, había pequeños laboratorios en casi todas las oficinas de jefes y comandantes; así podían comprobar la pureza de la droga y adulterarla sin que perdiera su “poder”. Una vez adulterada, la cocaína era vendida entre todo el personal, lo que ocasionó que en poco tiempo la mayoría de los agentes se hicieran adictos; tanto así, que le rogaban a sus jefes les proporcionaran más droga cuando se les terminaba, sin importarles lo que hubiera que pagar Atento a esto, Sahagún Baca creaba en determinados momentos, una escasez ficticia. Y cuando la “mercancía” llegaba nuevamente al “Mercado”, se vendía en mayor cantidad y a mayor precio.
La ley de la oferta y la demanda, ¿o no?
Un excelente complemento de la cocaína, lo constituyen las bebidas alcohólicas (coñac o brandy, de preferencia), pues si se inhala sola provoca tremendas resequedades en la garganta, la lengua y la boca, sin que el agua o ningún otro líquido semejante las pueda aliviar. Está acostumbrada combinación les dará la respuesta cuando ustedes se pregunten el por qué de tantos abusos y desmanes por parte de los elementos de la DIPD en el “cumplimiento de su deber”.
Lo que saque la mano
Otra de las cosas que no se le puede negar a Durazo es su sentido (involuntario) del humor ni sus afortunados y oportunos —aunque crueles— “puntachos”. Un día, allá por 1978, el Negro llegaba a la DGPT, cuando se dio cuenta que Sahagún Baca lo estaba esperando, como siempre, en el estacionamiento del sótano; le abrió solícito la portezuela y le comentó, con cara de niño contento:—Patrón, le tengo una gran sorpresa. Evitamos el robo de una camioneta de “Cometra”, pero aunque los presuntos responsables se nos dieron a la fuga, logramos recuperar dentro de uno de los automóviles que se usaron para el atraco, sobres con sueldos de los empleados del DDF. —Eres cabrón, pinche Pancho —le contestó el Negro.
Y luego de “felicitarlo” de este modo, me ordeno que llevara las tres bolsas de sobres a su privado. Después de desayunar, en su comedor de la DGPT, fue a ver las bolsas y empezó a revisar el contenido; entonces, esbozando una maquiavélica sonrisa, me preguntó: — ¿Cómo andas de “lana”, pinche flaco? Porque te veo medio jodido; tírale un manotazo a las bolsas y lo que saque la mano, nada más, eso es para ti. Únicamente que cuando saques el dinero de los sobres, rompe los recibos, no vayan a aparecer luego por ahí y nos metan al bote. Con una de sus grandes risotadas festejó la última frase. Desde entonces, hasta que se agotó el contenido de los sacos, lo cual sumaba varios millones de pesos, el Negro encontró la diversión ideal para recrearse con todas las “damas” que pasaban a su privado, pues al grito de “órale vieja, lo que saque la manita es para ti”, gozaba ampliamente al verlas abalanzarse sobre el dinero. Eso sí, estaba pendiente de lo que pudiera venir: —Oye flaco, que no se vayan a llevar ningún recibo estas pinches viejas. ¿Cómo la ven desde ahí, mis queridos y nunca bien ponderados burócratas?
IX
Así dan Ganas de ser Financiero
al ponerme a analizar y calcular las “entradas” que logró Durazo, con la complacencia de José López Portillo, no pude más que dar cauce a mis complejos de financiero, por lo que me permití reunir las siguientes cifras, para cuyo total no encontró espacio en mi pequeña sumadora:

Área Venustiano Carranza Mensual


Aquí se incluye la zona de “La Merced”, obviamente antes de ser trasladadas sus bodegas a la Central de Abastos; redituaban un millón de pesos diarios, ti decir, una cantidad mensual de:


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$ 30 000 000
los Siete “corralones”, llenos a su máxima capacidad por decreto del Negro: 150 000 pesos por cada uno; por todos, un millón 50 mil pesos. Y mensuales:


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$ 31 500 000
Dirección de Autotransportes y estacionamientos


Ahí Infraccionaba, calificaba y cobraba, sin dar la participación correspondiente a la Tesorería del Distrito Federal; además se concedían permisos a taxis tolerados y placas para taxi y permisos especiales de carga. Hay que contar ademas, los 1000 pesos que cada uno de los 100 000 inspectores “aportaba” diariamente para salir a “trabajar”, todo lo cual daba ganancias mensuales por:





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$ 30 000 000
Policía Bancaria e Industrial
Entregaba 100 centenarios mensuales  (cuyo valor es de 50 000 pesos cada uno) que hacen un total de:


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$ 5 000 000
Policía auxiliar
Entregaba 200 centenarios mensuales; Total en 30 días:

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$ 10 000 000
Dirección de Servicios al Público
Estas oficinas realizaban, entre otras  operaciones: control de vehículos, licencias para manejar, inspección de vehículos, antecedentes penales y otras, que dejaban ganancias mensuales por:



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$ 50 000 000
Policía uniformada
Quince áreas, una por cada Delegación Política de la policía uniformada, cada una de las cuales generaba un promedio mensual de:


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$ 15 000 000
Placas
Dos temporada de cambio de placas le redituaban mil 600 millones de pesos  cada una:


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$ 3 200 000 000
Colegio de Policía
Esta Institución educativa tenía que Entregarle:

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$ 1 000 000
Oficina Técnica de Seguridad Urbana
Un total de:

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$ 6 000 000
Brigada de Grúas y Mini grúas
Algo así como:

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$ 10 000 000
Brigada Mixta Vial
Aproximadamente:

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$4 000 000
Control de Contaminación Ambiental y Centros de medición y Diagnóstico
Un total de:


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$ 8 000 000
Oficina de Personal, Altas y Ascensos
Un total de:

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$ 1 000 000
Sueldos
Dos mil sobres de sueldos pendientes Baja:

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$40 000 000
Vales de gasolina
Rebajas de cinco litros por vales de gasolina u cada una de las unidades al servicio de In DGPT, Contando a 12 pesos el litro:
TOTAL MENSUAL


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$6 840 000
$ 726 340 000

Si este total mensual lo traducimos en letras, quiere decir: setecientos veintiséis millones, tres cientos cuarenta mi! pesos; mismos que al año se convertían en; $ 8 716 080 000. Leyó usted bien: ocho mil setecientos dieciséis millones, ochenta mil pesos. Y si a esta cantidad la multiplicamos por cinco años, considerando que el primero fue de ajustes y control en la DGPT, sabremos que el Ne gro se embolsó algo así como: 46 mil 780 millones 400 mil pesos. Bonita cantidad que me permito poner con letra, una vez más, para que no se le olvide: cuarenta y seis mil setecientos ochenta millones, cuatrocientos mil (ahora muy devaluados) pesos, Aún falta agregar los “ganancias” de la DIPD, para cuyo cálculo me declaro incompetente, pues como ustedes recordarán, sólo por el control de médicos clandestinos se recogían 450 000 000 (cuatrocientos cincuenta millones) de pesos mensuales; por “colaboraciones” de los jefes de Brigada para gastos de los “patrones”, 9 000 000 (nueve millones) de pesos mensuales; imagínese las cantidades que dejaba el control de tráfico de drogas, el contrabando, la “protección” de asaltabancos, etcétera. Pero hay más todavía: falta calcular el monto de casi la totalidad del presupuesto asignado a la DGPT, y que manejó Durazo a su antojo sin adquirir más que una mínima parte de los artículos necesarios para el servicio, como son llantas, refacciones, uniformes, zapatos, placas, credenciales, pintura, etcétera; pues como quedó establecido, estos gastos siempre corrieron por cuenta del personal. Y como mencionaba antes, con una frase que le robé a un hombre de toda mi estimación y respeto: ¡qué chulada de país tenemos! ¿O no, mis queridos conciudadanos? Sigo sin entender cómo con estos grandes financieros en el gobierno, tenemos una deuda externa tan grande, pues en última instancia uno solo de ellos casi podría cubrirla sin quedarse pobre.
Como Dice el Cuento: “Aquí la va a Pagar el más Pendejo”
“¿Y yo por qué?”, pregunta la mayor parte de los policías que tiene de 15 a 25 o más años de servicio, ya que al cambio de gobierno, el objetivo principal fue: “¡Chinguen a los cuerpos de seguridad!” ¿Por qué no a Durazo y su gavilla o a López Portillo y su camarilla? o los que la deban, en última instancia. Pero no: hay que perjudicar a todos los policías, cuya inmensa mayoría siempre ha tenido que “bailar al son que le tocan”, so pena de ser agredida. Con esa consigna llegaron los militares nuevamente a la policía, buscando rescatar el baluarte que perdieron con Durazo y tratando de desquitarse de las ofensas que les hizo durante su gestión (las cuales, por cierto no reclamaron en su momento); ahora buscan desquite con los policías de carrera que no teníamos ninguna culpa en el asunto. Bajo esta tónica, el personal de policía con antigüedad y capacidad, sin calificar o evaluar su experiencia o méritos acumulados durante su carrera, fue inmediatamente retirado del servicio en la vía pública y recluido en las distintas oficinas de la DGPT. Incluso, a todo el personal le cambiaron los grados (para diferenciarlos con los del Ejército), pues los militares siguen ofendidos por el uso que les dio Durazo con la complacencia de López Portillo; pero cuando al Negro lo convirtieron en “general de división”, tampoco reclamaron. Estas diferencias han ocasionado, como es obvio, que de un día para otro la ciudad haya quedado a merced del hampa. Además, con todo el respeto que me merecen los miembros de nuestro glorioso Ejército, les están pagando por aprender a ser policías, a costa del erario (ya que también cobran en la Secretaría de la Defensa Nacional) y del sufrimiento de la ciudadanía. Y para muestra basta un botón: en un lapso que va del 13 de diciembre de 1982 al 27 de julio de 1983, fueron asaltados sólo en el DF 35 bancos, que dejaron un botín de 158 573 700 (ciento cincuentaiocho millones, quinientos setentaitrés mil setecientos) pesos. Eso, sin contar los asaltos a la industria y comercio organizados; o lo que es peor, a casas habitación, donde los hampones se ensañan matando y robando impunemente a la ciudadanía. Mientras tanto, en las oficinas de la Policía permanecen haciendo “estudios” —que además nunca son aceptados por el general de división Ramón Mota Sánchez— un promedio de 18 coroneles, 25 tenientes coroneles y otros tantos mayores, más un sinfín de oficiales conocedores de los problemas urbanos; pero también están causando una doble erogación: la de los policías “en la banca” y la de los militares en funciones de policías.
Una Gota más....
Me he permitido agregar, para que ustedes puedan comparar cifras y sacar sus conclusiones personales sobre las actividades del Negro y su gavilla, una lista de los presupuestos que durante el sexenio de López Portillo fueron destinados, año con año, al DDF y a la DGPT; aparte de las cantidades, también estoy mencionando cuáles fueron las metas que se perseguían al aprobarse dichos presupuestos. Año 1977 Presupuesto para el DDF…………….23 452 320 000 pesos. Presupuesto para la DGPT……………. 1 504 405 215 pesos. Entre las metas por alcanzar, estaban: Optimización de la vigilancia en las zonas críticas de la ciudad, brindando protección a 10 millones de habitantes en su persona, en sus bienes y en sus derechos; todo esto, en un área de 1 500 kilómetros cuadrados. Control del tránsito de vehículos y peatones en los 14 000 cruceros existentes. Expedición de 750 000 licencias de conducir. Control y registro de un millón 665 mil vehículos. Y expedición de 250 000 cartas de antecedentes penales. De la manera en que se manejó todo esto y de las extorsiones que hubo, únicamente los sufridos ciudadanos podrán hablar y contar. Año 1978 Presupuesto para el DDF……………..29 461 093 000 pesos. Presupuesto para la DGPT…………….1 910 209 538 pesos. Las metas que se perseguían eran las siguientes: Procurar mayor vigilancia en los 14 000 cruceros de la ciudad, para que sea más fluido el tránsito. Registrar un millón 800 mil nuevos vehículos automotores, tanto de la ciudad como de los Estados vecinos. Vigilar las nuevas zonas comerciales y las concentraciones de gente en los centros urbanos de transportación. Lograr que los 1 099 elementos de la policía estén asignados en los puntos críticos, para dar el máximo de seguridad a la población. Localizar personas u objetos robadas o extraviadas, y complementar las órdenes de presentación solicitadas o requeridas por las autoridades competentes. Prestar auxilio a la población en casos de desastre y en bancos, centros comerciales, cines, teatros, parques y jardines, para lo cual se disponía de 2 276 agentes. Dar a conocer al ciudadano el reglamento de tránsito, mediante campañas de educación vial. Optimizar los procedimientos administrativos de los servicios públicos, reduciendo tiempo para su obtención: Trámite de registro y Control de vehículos…………………..… 600 000 solicitudes.Expedición de licencias……………….… 750 000 solicitudes. Permisos para cuestiones menores……….40 000 solicitudes. Además, coordinar la desconcentración de los servicios públicos en las Delegaciones políticas, para una mayor atención al público. En éste, como en el caso anterior, toca a los lectores hacer los mejore comentarios. Año 1979 Presupuesto para el DDF……………..38 594 179 000 pesos. Presupuesto para la DGPT…………….2 173 577 754 pesos. Metas perseguidas: Mantener la seguridad y el orden público, prevenir In realización de delitos y hacer respetar la moral y las buenas costumbres, así como auxiliar al Ministerio Público. Procurar mayor vigilancia en 15 680 cruceros de la ciudad, para que sea más fluido el tránsito. Registrar dos millones 16 mil nuevos vehículos automotores, tanto de la ciudad como de las entidades vecinas. Vigilar las nuevas zonas comerciales y las concentraciones de gente en los centros urbanos de transportación. Lograr que un total de 1 099 elementos (los mismos que el año anterior), estén asignados en los puntos críticos, para dar el máximo de seguridad a la ciudadanía. Localizar personas u objetos robados o extraviados. Y complementar las órdenes de presentación solicitadas por las autoridades competentes. Prestar auxilio a la población civil mediante 2 550 agentes, en casos de desastre y en bancos, centros comerciales, cines y teatros, parques, y jardines. Dar a conocer a la ciudadanía el reglamento de tránsito, a través de campañas de educación vial. Optimizar los procedimientos administrativos, reduciendo tiempo para su obtención. En este punto, sólo me gustaría preguntar: ¿el Negro Durazo, Sahagún Baca y demás secuaces, estaban realmente capacitados para mantener la seguridad y el orden público, prevenir la realización de delitos y hacer respetar la moral y las buenas costumbres?
Ustedes tienen la respuesta  Año 1980 Presupuesto para el DDF……………………65 363 000 000 pesos. Presupuesto para la DGPT……………………3 244 196 000 pesos. En cuanto a las nietas trazadas, podemos hablar de: Prevenir y conservar el orden público. Reforzar el servicio contra incendios. Proporcionar imagen urbana, saneamiento ambiental y limpieza. Atender la semaforización y la señalización. Fijar una estación de medición y diagnóstico. Adquirir infraestructura y equipamiento para la vialidad. Sin comentarios. Año 1981 Presupuesto para el DDF………….…105 180 600 000 pesos. Presupuesto para la DGPT………………3843 495 000 pesos. Metas: Preservar la seguridad y el orden público. Aplicar y hacer cumplir las leyes. Optimizar la vigilancia policiaca, haciendo de ésta una verdadera muestra de honestidad, que oriente y entienda al ciudadano prestándole toda su colaboración y entusiasmo. Ya ni la burla perdonaba el Negro Durazo; pero a estas alturas del sexenio había llegado ni colmo de la desfachatez. Obviamente, porque se sentía respaldado. Año 1982 Presupuesto para el DDF…………….   1144 552 107 000 pesos. Presupuesto para la DGPT…………………5713 113 000  pesos. Las metas a lograr eran las mismas del año anterior. Y así, en medio de constantes llamadas de alarma por lo que pasaba en la dirección de la DGPI  terminó el sexenio para ventura y alivio de los ciudadanos. Y el Negro Durazo (al igual que su compinche Sahagún Baca) huía junto con su gran amigo y protector José López Portillo más allá de nuestras fronteras, dejando un lastre de podredumbre y corrupción, du prepotencia y de escándalo. Obviamente, no le importa el juicio de la historia; y menos el de los mexicanos: usted, yo, nosotros, los de “la solución somos todos”...

3 comentarios:

  1. HOLA! SABES ESTOY INTERESADO EN CONTACTAR AL HIJO DEL NEGRO DURAZO...

    TENGO UN PROYECTO QUE QUIZAS PUEDA INTERESARLE...

    ZAZ!

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  2. No sabes la verdadera realidad si no fuiste DIPO jajajajaja estas loco

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