miércoles, 26 de marzo de 2014

“Las Piedritas de Chicomexóchitl” en Chicomexochitl itetzin.William Fuentes García



Las piedritas de Chicomexóchitl
Hoy vamos a leer un poquito de teatro. Acuérdense que vamos a leer lo que dice cada personaje. Así es como se cuenta una historia en el teatro.
Una explosión y aparece Doña Calaca.
Doña Calaca: ¿Dónde están? (al público) ¿Alguno de ustedes ha visto a dos chamacos pasar por aquí? (respuesta) ¿A dónde se habrán ido esos chiquillos latosos? Tengo que encontrarlos y llevarlos de regreso al Cincalco; es una orden de Tonacatecuhtli. Si no lo hago, el Señor de Nuestra Carne se va a enojar mucho conmigo. ¡Y bien enojón que es ese señor! Si hasta se me paran los huesos de punta. Miren, se me pone la piel huesuda, huesuda. ¡Huy...! (sale llamándolos) Escuinclitos..., par de chamacos latositos..., vengan con su tiíta la Flaquita.
Tía Domitila: Sí, pos sí, bien latosos que eran esos chamacos. Apenas levantaban una cuarta del piso y ya formaban tremendo revuelo par dondequiera.
Los niños pasan corriendo; la Vecina los persigue.
Vecina: Eh..., agárrenlos...
Tía Domitila: ¿Qué sucede, dona Ifigenia?
Vecina: Ah, doña Domitila, esos chamacos se han comido toditos los tamalitos dulces de los muertitos míos.
Los niños pasan corriendo en sentido contrario; los persigue el Vecino.
Vecino: Atrápenlos... Mire, doña Domitila, mire nomás cómo me han dejado el Pan de Muerto, casi se lo comen completito. ¡Ah, qué hambrientos se van a quedar mis difuntitos!
Vecina: Fueron esos chiquillos. Quién sabe de dónde salieron los muy condenadotes. Vecino: Escuincles maldosos, si parecen los mil demonios rejuntaos.
Tía Domitila: No diga eso, don Toñito, lo que ocurre es que tienen la panza vacía y se comen todito lo que encuentran.
Vecino: Pos que se vayan a comer pa otra parte, y no de la ofrenda de los fieles difuntos. ¡Qué falta de respeto!
Vecina: A mí tampoco me parece bien que se coman los tamalitos de mis tres santitos.
Doña Domitila: Yo les preparé un atolito de chocolate bien calientito. Había que verlos como se lo tragaban, ¡con qué regusto!
Doña Calaca (aparece de repente): Buen día tengan los vivos.
Vecinos: ¡Ay, qué gusto!
Vecina: ¡Híjole, es la Pelona!
Vecino: A mí las calaveras me pelan los dientes. ¡La Parca nos quiere llevar!
Vecina: ¿Por qué a mí, doña? Yo tengo cinco chamacos que alimentar.
Vecino: yo estoy sanito, ni los dientes se me han partido, y todavía no me he casado con mi novia Esmeregilda.
Tía Domitila: Ah, doña Catrina, lléveme a mí y deje vivos a estos buenos vecinitos míos. Total, ya estoy grandota, qué más me da irme completita pal Mictlan.
Doña Calaca: No son a ustedes a quien busco, sino a un par de chamacos que se han escapado del Cincalco. ¿Los han visto?
William Fuentes García, “Las Piedritas de Chicomexóchitl” en Chicomexochitl itetzin. México, SEP, 2007.

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