domingo, 23 de marzo de 2014

INDIOS EN LA CIUDAD DE MÉXICO S. XVI-XVII PARTE3


señaló que en caso de morir en la ciudad su “cuerpo sea sepultado en la iglesia y convento del Señor San Juan de Dios u en otra iglesia y convento que a mis albaceas pareciere” (como ocurrió en los primeros días del mes de septiembre de 1652).24 Además especificó que tenía obligaciones con otras instituciones religiosas en la ciudad, como se comprobó después de su muerte, en que se presentaron los dominicos para reclamar la limosna de cien misas que se había obligado a dar.25 Su hijo, Juan Lázaro, continuó con esta práctica y sus vínculos con las instituciones de la ciudad eran evidentes cuando redactó su testamen- to, en 1686, donde pidió que “se den de limosna a las hermanitas de nuestra Señora de los Remedios y Guadalupe, extramuros de México, dos reales a cada una y se paguen de mis bienes”.26
Los gobernadores se auxiliaban en los funcionarios menores para cumplir con las demandas y realizar todas las transacciones relacio- nadas con el abasto a la ciudad, por lo que es importante considerar que además de los principales había un amplio sector de la sociedad rural que se trasladaba a la ciudad. Por ejemplo, la cabecera de Tlal- manalco estaba obligada a enviar maíz al Hospital Real de Indios, para lo cual el gobernador, aparte de enviar el producto al embarcadero, comisionaba a los funcionarios menores para asegurarse del traslado y recoger las cartas en que se firmaban estas entregas, que eran guar- dadas y entregadas a su sucesor. Una ordenanza de 1553 especificaba la obligación de los principales de servir como mensajeros por lo que su contacto con los diferentes sectores de la sociedad capitalina era constante.27

l`histoire du Mexique. Catalogue raisonné de la collection de M.E. Eugène Goupil (ancienne collec- tion J.M. Aubin). Manuscrits figuratif et autres sur papier indigène d`agave mexicana et sur papier européen antérieur et postérieur a la conquête du Mexique (xVI siècle). Avec une introduction de M. E. Eugène Goupil, Paris, Ernest Leroux Éditeur, 1891, 2v. y atlas de do- cumentos.
24 “En la ciudad de México, en seis días del mes de septiembre de mil y seiscientos y cincuenta y dos años, ante el escribano y testigo el padre fray Pedro Benitez Camacho, vicario de la capilla de los indios de San José fundada en el convento del señor San Francisco desta dicha ciudad a quien doy fe que conozco, otorgó ha recibido de Alonso de Caraballar, vecino de la provincia de Chalco como albacea de don Juan de Galicia, indio cacique del pueblo de Tlalmanalco difunto, veinte y cuatro pesos en reales por los derechos que se deben del entierro y sepultura del dicho difunto que se hizo en la iglesia del señor San Juan de Dios, y tres ministros que fueron revestidos con cruz alta, y los cantores que envió de la dicha ca- pilla de San José, y tres velas que dieron a los dichos tres ministros de a media libra cada una, AgN, Tierras, v. 1768, f. 101-110, 105.
25 AgN, Tierras, v. 1768, f. 105.
26 AgN, Tierras, v. 1768, exp. 1, f. 113, 113v.
27 Juan Manuel Pérez zeballos, El gobierno indígena colonial en Xochimilco”, en Pablo
yanes (coord.), Urbi indiano. La larga marcha a la ciudad diversa, México, Universidad Autóno-
ma de la Ciudad de México, 2005, p. 34.



Los desplazamientos masivos

Además de los desplazamientos individuales que formaban parte de los flujos cotidianos, hubo otros que obedecieron a políticas que in- fluyeron en el traslado masivo. El movimiento de la población rural hacia la ciudad de México en la época colonial estuvo marcado por diversos factores que propiciaron el flujo de la población. Sin duda, las epidemias, las congregaciones, el despojo de tierras, las frecuentes crisis agrícolas y el sistema de repartimiento influyeron en la reorganización de la población y por ende en el desplazamiento de los individuos hacia diferentes regiones.28 Las congregaciones se caracterizaron por realizar traslados masivos desarraigando al hombre de su entorno; en algunas partes fueron drásticas, provocando la reacción de muchas comunidades que se refugiaron en sitios apartados del control colonial. En la provincia de Chalco el somontano fue un sitio ideal para que los indígenas se mantuvieran relativamente al margen de la influencia de la sociedad española y muchas comunidades encontraron en estos sitios el lugar ideal para protegerse. Esta práctica incidió muy poco en el movimiento de población hacia la ciudad. Se caracterizó más por un proceso de reajustes y reordenamientos espaciales y la reacción de la población por la defensa de sus espacios.
Sin embargo, el sistema de repartimiento fue un fenómeno que rompió el aislamiento y aceleró la movilidad de los habitantes hacia otras partes. Por esta razón lo tomaré como eje del análisis para explicar el movimiento “masivo” de población hacia la ciudad de México.
El repartimiento tomó muchos de los elementos del coatequitl en cuanto a la forma de organizar y distribuir la población para los servi- cios de la ciudad. Asimismo se aprovecharon los instrumentos de do- minio y las relaciones creadas por el estado mexica para determinar el tipo de productos y mano de obra que debía enviarse de cada lugar.29 A partir de la conquista del territorio chalca por los miembros de la Triple Alianza se incrementó el movimiento de población hacia la urbe tenochca para proveerla de materiales y mano de obra para su construc- ción. Los cronistas indígenas insisten en este proceso que obligaba a los habitantes a trasladarse a la ciudad por largos periodos. A diferencia

28 Taylor señala que la sociedad indígena resintió los embates de la conquista que pro- pició una desestabilidad emocional; utiliza el término desempleo psicológico para explicar la pérdida de muchas expectativas de la sociedad, desde un desequilibrio personal, pérdida de incentivos e incertidumbre. Taylor, op. cit., p. 32, 33.
29 Los ejemplos más claros de la forma en que se estructuró el abasto a la ciudad de México lo encontramos en la Matrícula de Tributos y el Códice Mendocino.


de comerciantes y transportistas, estos sectores, que comprendían can- teros, albañiles y trabajadores especializados, tenían un área de acción que era la parte central de la ciudad, así lo asientan las crónicas.30

comenzaron los chalcas a edificar salas y aposentos de increíble gran- deza en las casas y palacios del rey, en las demás de los señores y caba- lleros de su reino y en las de los otros reyes y cabeceras del reino, por castigo de su obstinación y rebeldía, trayendo de su provincia madera, piedra y los demás materiales para los edificios referidos.31

Por la forma en que funcionó el repartimiento en la región de Chal- co en la época colonial es importante destacar sus peculiaridades para comprender el movimiento de la población hacia la ciudad de México. La provincia de Chalco era uno de los graneros de la ciudad y para po- der sostener su producción y por ende el abasto requería de suficiente mano de obra. Pese a contar con una poblacn abundante, en compara- ción con otras regiones, ésta era insuficiente para las labores requeridas durante la siembra y la cosecha de los campos. Al instaurarse el reparti- miento, las autoridades virreinales dieron prioridad al sector agrícola y destinaron mano de obra de la región de Texcoco, Cuernavaca-Cuautla y la región de lo que hoy es el estado de Hidalgo, para cubrir las nece- sidades de los labradores de Chalco (véase cuadro 1).32 De manera que había un flujo de población hacia esta región y era menor el que salía de aquí a la ciudad. Sólo en situación crítica las autoridades desviaron la mano de obra de Chalco hacia la ciudad de México.
También es importante señalar que el repartimiento retomó la divi- sión administrativa de la provincia prevaleciente en la época prehispá- nica, respetando las categorías de cabecera / sujeto, así como los vínculos políticos y sociales de los mismos, sin importar que estuvieran ubicados en otros territorios.33 En el caso de los pueblos del área de Texcoco, como


30 Según Chimalpahin, con Axayacatl se inició formalmente la obligación de pagar el tributo y contribuir con mano de obra. Más tarde se les obligó a llevar materiales, piedra, madera, arena, etcétera. Chimalpahin, op. cit., v. 1, p. 269; v. 2, p. 117, 139.
31 Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, Obras históricas, México, Universidad Nacional Autó- noma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, v. 2, p. 128.
32 Entre los pueblos incorporados al repartimiento de Chalco estaban Coatlinchan, Huexot- la, Chicoloapa, Chimalhuacan Atenco e Ixtapaluca. Del Cuauhnahuac los pueblos del valle de Cuautla, gran parte de ellos asociados con los soríos de Xochimilco y Chalco. Entre estos esta- ban Tlayacapan, Totolapa, yecapixtla, Ocuituco, Hueyapan, zacualpan, Huamilpa y ocasional- mente Cuernavaca (1591) Silvio zavala y María Castelo, Fuentes para la historia del trabajo en Nueva España, México, Fondo de Cultura Económica, 1939, v. 1, p. 45, 46, 119, 120, 129, 130; v. 3, p. 204,
205, v. 6, p. 57, 58, 461, 462 y zavala, El servicio personal, v. 5, segunda parte, p. 1075, 1076.
33 Por ejemplo, Ozumba, aunque se localizaba en terrenos de la cabecera de Chimalhua-
can Chalco, era sujeto de Tlalmanalco, lo mismo ocurría con Caltecoyan, que también estaba





Cuadro 1
EL rEPArtImIENtO DE ChALCO: LAS CUAtrO CABECErAS
Y LOS DIStrItOS INCLUIDOS. 1618-1621

Tlalmanalco
Amecameca
Chimalhuacan
Tenango
Acolhuacan
Cuauhnahuac
Otros sitios
Atzompan
Ayapango
Tepetlixpa
Nepopoalco
Iztapaluca
Tlayacapan
Xuchitlan
Temamatla
Atlautla
Temoaque
Tlalnepantla
Coatepec
Ocuituco
Atumba
zula

Cahuecahuazco
Cuixingo

Tetela
Aotlan
Chalco

Tecomaxusco
Juchitepec

Jumiltepec
Texcala
San Pablo

Tetela


Tlacotepec
Pazulco
Tlamimilolpa

Ecatzingo


Temoaque
zaguatlan


Omeyatepec


Tzacualpa
Tepecuaculco


Mamalhuazucan


Atlatlauca
San Miguel


Tepezozolco


Epazulco
San Gregorio


Quazulco


yecapixtla
San Nicolás


Guamilpa


Xalmayucan
San Francisco





Hueyapan
San Martín





Achichipico
San José
A la cabeza de cada columna se pone el sitio principal y en seguida por pueblos sujetos. Tomado de Tomás Jalpa Flores, “Comunidades y fuerza de trabajo en la región de Chalco”, en Daniel Hiernaux et al., La construcción social de un territorio emergente. El valle de Chalco, México, El Colegio Mexiquense, 2000, p. 45.

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