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viernes, 10 de marzo de 2017

cuento totonaca el nahual



Kin papá̛tapala




Lengua Totonaca


Ixtsiswama, kilakgólh nak katukuxtu amá smalankgan kalonkgni, nokgstalalh tantúm takgatakga xkilhyá tajná.

Ktsalanama  kchalh  nak  kinchik  kputsalh  kinpapá̛ xakamawani tukakxilhli, nixwi, kpuwa kamawaní kintsiyuna, xla kinkgalhtilh “niwi min papá̛anit tamawá chawilá, atapuntsu namin, ikajikuanti”, tsukulh katuwá kilitachiwín, ki̛akgskgawalh.

Xlipuntsú  chilh  kinpapá̛ kgatsankgakgonit  chu  liwaxkgakgma, kmalakatsuwit kwanilh tukpaxtokglhi nak tijia, kin kgalhtilh: “wix nitưakxilhnitá  nlakpuwanti usu manaxnati, kakilhtata chali tsisa nawaya pinilá”. tlan kgalhtilh.

Kalh nak kinpulhtatá, xakamajtsú tamá akxni kgaxmatli kintsiyuna chiwinalh, wanilh kinpapá̛ ni amá akgchan tantúm tajná natsanká atantu, “ni kalipuwanti”, kgalhtinalh, “nakampara putsá”. kpuwakamatokgokge kstalani kakxilhi latá chalh nak puxkga tsukulh chiwinán, chiwinán uyu tapalajili takgatakga wa.

Tsukulh tlawán chalh nak akgtúm puxtilán uyu malakilh chu chapalh tantúm chawilá kilhtayalh uyu lilh. tsisá xpulhma chichiní kstaknalh xakwí nakxkilhtúm puxkga.



Tapaxtokgni 1969. Amá chixkú xlilakgapaskán “la gringa”

Nahual






En una obscura tarde de invierno cuando regresaba de mis labores que solía hacer todos los días en el campo, inesperadamente en el
camino me encontré con un burro que llevaba un guajolote atrapado en el hocico.

Aunque  me  resultó  extraña  esa  visión  insospechada,  al  llegar a la casa de mis mayores fui en busca del abuelo para narrarle aquel suceso insólito, pero como no lo hallé en ninguna parte, decidí contarle a mi abuela los pormenores de ese sorpresivo acontecimiento. Ella, después de oírme con su habitual paciencia, trató de tranquilizarme:

-“No tengas miedo, tu abuelo no tarda en llegar. Hace ya un rato que salió a para traer algunas cosas que le pedí. Y es que, hoy decidí cocinar la comida de mañana. No te aflijas, tu abuelo no tardará en llegar”.

Más tarde el abuelo, agitado de cansancio,  llegó a la casa. Como pocas veces, pidió un pañuelo para secarse el sudor que le caía del cabello hasta su rostro abrumado por la fatiga. Entonces, para mis adentros, pregunté. ¿De donde vendría? ¿Quién lo habría perseguido? No obstante la sofocación que traía a cuestas, cuando me di cuenta que estaría dispuesto a oírme, pude contarle lo ocurrido, pero él escasamente me dijo que todo lo que había visto esa tarde no era más que producto de mi imaginación, o que tal vez lo había soñado.

-“Estás cansado por los trajines que haces todos los días   en el campo. Mejor vete a dormir”. –Me dijo para evitar que pudiera insistir en más preguntas.

Pero no pude conciliar el sueño. Sólo daba vueltas de un lado para otro. En esas estaba cuando oí que mi abuela le decía a mi abuelo que la carne para la comida de mañana no iba a alcanzar para todos y que necesitaba más. Mi abuelo respondió a mi abuela que no se preocupara, que él iría a traer su pedido.

Como era tanta mi curiosidad por saber a dónde iría el abuelo por el encargo de mi abuela. Decidí seguirlo.

Así, cuando él llegó al arroyo, se detuvo a la orilla. Se quitó el sombrero de palma y, después de unos instantes, hizo unos extraños ademanes,  mientras pronunciaba  algunas  palabras que  no logré entender. De pronto, su cuerpo se transformó en un animal, parecido al que había visto esa tarde mientras oscurecía. Inmediatamente, después de esa transformación, se encaminó a un corral en donde, sin mayores forcejeos, salió huyendo con un guajolote atorado en su hocico.

Pero, después de haber presenciado esa visión espectral, no supe más de mí. Al otro día, con un poco de mareo y dolor en la frente, desperté a la orilla del arroyo.

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