domingo, 25 de mayo de 2014

Juan María Alponte, La primera mujer negra que se sentó en un autobús de blancos



La primera mujer negra que se sentó en un autobús de blancos
Traigo a mi memoria, en el silencio del tiempo, en la tragedia del existir y a la gloria de la existencia, la sombra de una mujer negra. Se llamaba Rosa Parks. Vivía en Montgomery, en el estado de Alabama, centro de ataques racistas que todavía sobrecogen.
Rosa Parks, un día cualquiera de su vida, hizo una revolución. Aquel día fue el 1° de diciembre de 1955. Aquel día Rosa Parks, agotada de una larga jornada de trabajo, entró en su autobús cotidiano y en vez de quedarse en la parte de atrás, como mandaba la ley, y de pie, parada y derecha, porque los asientos eran sólo para los blancos, cruzó la frontera invisible del odio racial y se sentó en un asiento libre. Entró un blanco y le pidió, imperativamente, que se levantase y fuera a la parte de atrás, de pie. Rosa Parks se negó.
Ese día transformó la historia de la discriminación. Al día siguiente hubo una huelga general y los negros recorrieron a pie las calles, en protesta. Decidieron no tomar los autobuses (eran sus más asiduos clientes, pero en la parte trasera y sin derecho a sentarse) por lo cual colocaron a las compañías, que vendían “espacios”, pero no “asientos” para ellos, contra la pared. Con ese gesto, comenzó una epopeya moral: la lucha por los derechos humanos de los negros que, en todos los espacios, tenían sus lugares aparte. Rosa Parks, una trabajadora desconocida, se convirtió en una heroína y logró lo que parecía imposible: la igualdad en los medios de transporte y en otros ámbitos sociales. En 1999, el Congreso de los Estados Unidos, a 44 años de aquel día memorable, concedió a Rosa Parks, de 85 años, la Medalla de Oro del Congreso.
Un sobrecogimiento profundo, un insólito y hermoso sobresalto de conciencia me invita a contarles a ustedes esta memorable historia. Miro su rostro, el rostro de Rosa Parks. Sonríe distante, muda en la admirable sonrisa de sus ojos. Tal vez recuerda el día en que ella, una trabajadora desconocida, negra y digna, se plantó sobre su alma para decir: “No y no y no me levanto”.
Juan María Alponte, “La primera mujer negra que se sentó en un autobús de blancos” en Historias en la tierra. México,
SEP-Ruz, 2007.

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