domingo, 23 de marzo de 2014

INDIOS EN LA CIUDAD DE MÉXICO S. XVI-XVII PARTE6


ponden al siglo xVII y ejemplifican algunos de los motivos. De éstos es importante destacar que muy pocos se refugiaban en la ciudad de México (cuadro 3).59
Si bien los indígenas salían de sus comunidades por muchas cir- cunstancias, los dos lugares a donde se trasladaban ofrecían diferen- tes expectativas. Aparentemente en la ciudad podían perderse en el “anonimato de los suburbios, los barrios indígenas o en las casas de los españoles para dedicarse a las actividades domésticas, mientras que a las haciendas llegaban a través del sistema de repartimiento y s tarde mediante las deudas y el trabajo compulsivo. Pero cualquier opción que eligieran no los liberaba de las exageradas cargas tribu- tarias y las obligaciones a las que se les sometía en los dos sitios. En ambos no pasaban desapercibidos; había un estricto control pues en cada comunidad y aun en la misma ciudad se llevaba un registro de sus habitantes, por lo que la llegada de alguien siempre era notoria. En las ciudades podría pensarse que el sistema policiaco no llegaba a tal grado, pero parece que era muy eficaz, pues cada barrio llevaba un registro del número de habitantes y cualquier cambio era notorio, como lo dejan ver varias disposiciones y la memoria enviada en 1592 a don Antonio Valeriano, solicitándole que: “los busquéis y procuréis con cuidado por los barrios desta ciudad y [...] los persuadiréis a vol- ver a sus casas y asientos de donde se vinieron...”.60 Uno de los pocos testimonios pictóricos que tenemos sobre este tipo de registros es el Códice Valeriano, que consiste en una cuenta pormenorizada de los habitantes del barrio indígena de San Pablo Teocaltitlan en la ciudad de México, donde se llevaba un registro de la población que incluía a los advenedizos. 61


59 La región de Chalco por su proximidad a la ciudad de México y por su posición es- tratégica en el flujo comercial tuvo ciertos lugares predilectos donde se refugiaba la población indígena que salía de sus comunidades. En el siglo xVI las cabeceras administrativas fueron el foco de atracción de los naturales, pero a mediados del siglo xVII, los pueblos situados en la ruta comercial entre los volcanes y tierra caliente, así como los embarcaderos, constituye- ron la columna vertebral que fue concentrando el mayor número de pobladores indígenas, mestizos y españoles. Muchos naturales de Xochimilco, Milpa Alta y Coyoacán iban a residir a Ayotzingo y Chalco por la intensa actividad comercial que había. AgN, Indios, v. 15, exp. 17, f. 13, 13v. En el siglo xVIII Villaseñor y Sánchez describía Chalco en estos términos: “en la población principal hay vecindario de españoles, mestizos y mulatos. En este pueblo es don- de se celebra la feria todos los viernes del año, concurriendo a su plaza de todas las jurisdic- ciones circunvecinas y muchas distantes, considerable número de gente; y por la laguna multitud de canoas cargada de todo género de grangerías, ...”, Joseph Villaseñor y Sánchez, Theatro Americano. Descripción General de los reynos y provincias de la Nueva España y sus juris- dicciones, México, Editora Nacional, 1952, v. 2, p. 63.
60 AgN, Indios, v. 6, primera parte, exp. 203, f. 52.
61 Códice Valeriano, BNF, n. 376.





Cuadro 3 mOVImIENtO  DE  POBLACIóN

Año                  Nombre                                           Motivo                               Lugar de origen          Lugar de traslado               Fuente

1590
Naturales
Españoles quitan bienes
Ayotzingo

I-4-33v-109v
1591
Matías Juan
Preso en hacienda
Temamatla
Hacienda de Vaquio
I-5-665-251v
1592
Naturales
Exceso de trabajo en bosques
Tlalmanalco
Ciudad de México
I-6-203-52
1592
Luis Vázquez
Abuso en repartimiento
Tlalmanalco
Tenango
I-6-205-52v
1592
Juan Gregorio
Abuso en repartimiento
Tlalmanalco
Amecameca
I-6-205-52v
1592
Sebastián Francisco
Abuso en repartimiento
Tlalmanalco
Amecameca
I-6-205-52v
1617
Simón López
Obligado a residir en hacienda
San Martín
Hacienda Juan Fernández
I-7-156-77
1617
Martín López
Obligado a residir en hacienda
Cuauhtzingo

I-7-156-77
1629
Naturales
Evaden acudir a repartimiento
Atlautla
Casas labradores
I-10-166-93v
1631
Gabriel de San Juan
Problemas con gobernador
Amecameca
Centlalpa
I-11-170-141
1639
Naturales
Evasión de pago de tributo
Juchitepec
Casas y haciendas
I-11-123-102
1639
María Magdalena
Llevados a fuerza a hacienda
Chalco
Huexotzingo
I-11-285-233v
1639
Naturales
Evasión de tributos y servicios
Tlalmanalco
Casas y haciendas
I-11-124-102
1640
Naturales
Evasión de obligaciones
Juchitepec
Tlaxcala Tepeaca
I-13-16-20v
1641
Naturales
Evasión de obligaciones
Amecameca
Casas y haciendas
I-13-194-173
1648
Naturales
Evasión de tributos
Xochimilco
Chalco Ayotzingo
I-15-17-13
1648
Juana Jerónima
Obligada trabajar en hacienda
Iztapaluca
Tlalmanalco
I-23-182-175



1648
Sebastián López
Malos tratos del alcalde
Chalcatepehua
Ayapango
I-15-88-156
1654
Miguel de la Cruz
Malos tratos de hacendado
Ayapango
Chalco
I-17-262-256v
1656
Juan Gregorio
Malos tratos de hacendado
Cuauhtzingo
Hacienda Ramírez
I-20-191-137
1657
Mixtecos
Malos tratos de hacendados
Cd. México
Hda. Chalco
I-20-297-236
1662
Martín de la Cruz
Malos tratos de alcaldes
Tepetlixpa
Chimalhuacan
I-19-481-271
1662
Juan de San Pedro
Malos tratos de alcaldes
Tepetlixpa
Chimalhuacan
I-19-481-271
1676
4 naturales
Residir en hacienda
Ayapango
Ayapango
I-25-142-116
1677
Francisco de Rivera
Obligado a residir en hacienda
Atlazalpa
Coatepec
I-26-165-100
1677
Juan Santiago
Malos tratos de hacendados
Centlalpa
Chalma-Tepopula
I-168-101v
1685
Juan Francisco
Malos tratos de hacendados
Cuautlalpa
Hacienda
I-29-75-74v-75




Domínguez

1687
Juan Pascual
Malos tratos hacendados
Huexotzingo
Chalco
I-30-45-35
1693
4 naturales
Sustraídos de hacienda
Hda. Tamáriz
Chalco
I-32-94-98v
ABrEVIAtUrAS: Las fuentes se indican de la siguiente manera: I=AgN, ramo Indios; volumen, fojas.


Desde fines del siglo xVI la migración de habitantes de la provin- cia de Chalco hacia la ciudad de México empezó a ser frecuente. Si bien, aunque no aparecen en la misma proporción que en otras re- giones, las migraciones afectaban la estabilidad de las comunidades y eran un síntoma que reflejaba las tensiones locales. Los indígenas que se trasladaban a la ciudad generalmente lo hacían en grupo; familias completas abandonaban sus pueblos ya fuera temporal o definitiva- mente. Algunos iban a la ciudad donde permanecían hasta obtener una respuesta a sus demandas. Por ejemplo, en 1656, Juan Gregorio y su esposa, Nicolasa María, y Lucas Martín, su padre, naturales de San Gregorio Cuauhtzingo, habían salido de su pueblo por la presión de Cristóbal Ramírez, labrador de Chalco que los sacaba a fuerza de su casa y los llevaba a su hacienda. Por tal motivo se habían refugiado en la ciudad donde presentaron su querella.62 Lo mismo ocurrió en 1676 con Juan Pascual, su mujer y sus hijos Juan Clemente, Felipe Santiago y Pedro López, naturales del pueblo de Ayapango, que se trasladaron a la ciudad para pedir protección por los abusos que cometía Alonso Velázquez de Rebolledo y su mayordomo quien los sacaba de su casa para llevarlos a su hacienda.63 Aquellos que pretendían salir definitiva- mente se llevaban toda la familia con el propósito de no dejar testigos que fueran presionados por las autoridades para denunciar su para- dero. En 1592, el gobernador de Tlalmanalco denunció que muchos indios casados y solteros “so pretexto de los malos tratos que les daban los jueces repartidores que los enviaban a cortar madera a los bosques se habían avecindado en la ciudad de México...” 64
Los sitios de la ciudad de México donde acostumbraban refugiarse los naturales eran en primer lugar los barrios de indios. Son pocos los datos que nos indican su paradero, sin embargo, algunos indicios nos permiten confirmar esta suposición. La orden enviada a don Antonio Valeriano era que los buscara en los barrios que estaban bajo su juris- dicción. Sabemos del paradero de algunos por contar con datos preci- sos: en 1680, una familia de Tlalmanalco (Bartolomé de Santiago y su mujer, Teresa María y sus hijos, Baltazar Pascual y Maas de Santiago, que a su vez estaban casados) tenían dos años de residir en la ciudad y estaban avecindados en el barrio de Santa Cruz.65


62 AgN, Indios, v. 20, exp. 191, f. 137.
63 AgN, Indios, v. 25, exp. 142, f. 116.
64 AgN, Indios, v. 6, primera parte, exp. 203, f. 52.
65 Cuando Juan de Espinosa, gobernador de Tlalmanalco, quiso llevarse a las familias,
éstas se negaron y como castigo se llevó a sus hijos con sus mujeres. Las autoridades señala-
ron que solamente tenía derecho a cobrarles el tributo pero ellos podían residir libremente en
la ciudad. AgN, Indios, v. 26, exp. 60, f. 58v. El barrio de Santa Cruz corresponde a la parte


Pero al mismo tiempo que los barrios de la ciudad de México eran espacios donde podían albergarse los indios de la periferia, también eran lugares donde se podía acudir a contratar mano de obra. Varios hacendados de Chalco se dirigían a la ciudad para estos fines. Por ejem- plo, en 1657 varios naturales de origen mixteco, residentes en el barrio de los mixtecos en la ciudad de México, denunciaron que Jerónimo Carranza, administrador de una hacienda en la jurisdicción de Chalco, les había ofrecido trabajo y les pidió que reunieran más trabajadores ofreciéndoles el pago de cuatro reales por día. Éstos buscaron a 32 tra- bajadores más y otras cuatro indias triquis que fueron a trabajar a la región. Sin embargo, al finalizar el contrato, Carranza les impidió regre- sar a la ciudad encerrándolos en su hacienda como si fueran esclavos.66 También es conocido el derecho que tenía el barrio de San Juan de la ciudad de México sobre tierras ubicadas en la provincia de Chalco a donde enviaban colonos para habitarlas en calidad de renteros.
Pero ¿dónde habitaban los indígenas que migraban a la ciudad?
¿Cuáles eran sus sitios de residencia? En una reconstrucción de los es-
pacios residenciales, realizada por Alejandro Alcántara, destaca cómo
los barrios indígenas de la ciudad fueron creciendo anárquicamente a
diferencia del área de edificios públicos. En los predios indígenas solía
haber varias habitaciones e incluso algunas de dos pisos para albergar a la
familia y algunas para rentar.67 También destaca la disminución de la po-
blación en ciertos momentos y el abandono de muchos predios que esta-
ban desocupados. En ocasiones los migrantes se albergaban en los predios
desocupados; mientras que los extravagantes vivían entre los paredones
de las casas derrumbadas, con el consentimiento de los dueños.68
Los arrabales de la ciudad eran inaccesibles y peligrosos de acuerdo
con la imagen que se fue construyendo a medida que fue aumentando
la población y el número de migrantes. En este sentido es importan-
te considerar la aseveración de Robinson, quien señala el rechazo de
las autoridades a los movimientos de migración, así como el miedo y
desconfianza que se difundieron hacia todos aquellos desconocidos.69


oriente de la ciudad donde se ubica el templo de la Soledad. Véase Teresa Álvarez Icaza, “Los indios y las ciudades de la Nueva España. La secularización de doctrinas de indios en la ciudad de México”, en este mismo volumen.
66 AgN, Indios, v. 20, exp. 297, f. 236.
67 Alejandro Alcántara Gallegos, Los espacios residenciales en la ciudad de México Tenochti-
tlan, tesis de licenciatura, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de
Filosofía y Letras, 2006.
68 AgN, Tierras, v. 22, exp. 5, f. 124.
69 “Para aquellos que salen de su lugar, su estatus cambiaba así como su designación.
Los términos utilizados eran forastero, vago, fugado, vagabundo, malentretenido, extrava-
gante.” Robinson, op. cit., p. 178.


Sin embargo, no todos los migrantes se incorporaban en el imaginario urbano como desconocidos y peligrosos.
De acuerdo con lo expuesto anteriormente podemos señalar que la mirada que se ha puesto sobre el mundo indígena lo ha visto por lo regular bajo la óptica actual, dando un gran peso a la expectativa de las oportunidades económicas y sociales que generaban las ciudades y los centros mineros, y la libertad que motivaba al indígena a aban- donar su comunidad. No obstante, la sociedad indígena colonial tuvo un mayor apego a la tierra y, en algunas partes, como la provincia de Chalco, los movimientos migratorios en los dos siglos estudiados no fueron un fenómeno que alterara radicalmente la estructura de la so- ciedad. Fue parte de un proceso normal provocado por los conflictos internos en algunos pueblos, los intentos de evadir las cargas tributarias y los abusos de los españoles.70 Al establecer una comparación entre la migracn de naturales a la ciudad de México y los que llegaban a la región, podemos ver que más que expulsar mano de obra, la región de Chalco resultó ser un imán que atrajo a los indígenas de otras regio- nes, que se integraron a los pueblos y las haciendas. Por otro lado, es preciso considerar los diferentes tipos de migrantes, los ritmos de las migraciones y las percepciones que se fueron construyendo hacia esta población, que empezó a formar parte del entramado social de la urbe. Dependiendo de su espacio de acción en la ciudad, los migrantes y ex- travagantes fueron creando estereotipos que definieron las relaciones entre los diferentes sectores de la sociedad urbana que con el tiempo tendieron a estandarizarse.



















70 Taylor, op. cit., p. 43-48.

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