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domingo, 23 de febrero de 2014

cuento en nahuatl El gato y el pajarito Mixton uan tototsin



Mixton uan    tototsin



 
Sejpatipan  ipan  se  kajli  chantiya  se  miston.  Tlajkochan kajli xintiyaya miyek tlayojli kampa nochipa ontlakuaya se tototsintli. Sejpa miston okualan uan okijtoaman kema nikuas on tototl kamelak yonechkualane, nochipa kuak uajlau nechtlachaltiya aman nikuas uan sejpa okasik yekitlaliskiya pan tliko uan tototsintli mixtonixmomajtekiti tlamo timoxuitis man mixton onomajtekito man tototsintli opatlan.

Nombre:     Arleny Guadalupe Seis Ignacio
2º.  Lugar
Domicilio: Acatlán, Mpio. Chilapa de Álvarez, Gro.





El gato y el pajarito





Una vez, en una casa vivía un gato. En medio de la casa estaban tirados muchos maicitos donde siempre iba a comer un pajarito, el gato se enojó y dijo:
   Ahora me voy a comer a ese pajarito, ya me  hizo enojar mucho, siempre cuando viene me despierta. Ahora me lo voy a comer; y en una ocasión lo agarró y ya lo iba a poner en la lumbre. Entonces el pajarito le dijo al gato:
  Ve a lavarte las manos, si no te va a dar diarrea. El gato se fue a lavar las manos y el pajarito aprovechó la ocasión y voló.

jueves, 20 de febrero de 2014

Sophie Bolo, “Vivir en sociedad. La vida en grupo”





A medida que vamos creciendo, también crece nuestra curiosidad por el mundo que nos rodea. En la escuela, en un club deportivo o en el trabajo, vivimos en comunidad con otras personas.
Adaptarse los unos a los otros
Las relaciones con los extraños no se parecen mucho a las que tenemos en nuestra familia. Hay lazos de amor que nos unen a nuestra propia familia. Estamos acostumbrados los unos a los otros, aunque de vez en cuando haya discusiones. Pero la sociedad también está compuesta de personas que no son nuestros hermanos ni nuestros amigos. No siempre tienen las mismas costumbres que las nuestras. Hace falta tiempo y paciencia para conocerlos. Vivir en sociedad es aprender a relacionarse con toda clase de personas y en toda clase de situaciones.
La vida con los demás
Compartimos con los demás muchas de nuestras actividades. A menudo jugamos y trabajamos con otras personas. Desde que empezamos a ir al jardín de niños, descubrimos una sociedad de la que vamos a formar parte durante mucho tiempo: ¡la escuela! Los clubes deportivos también son sociedades.
Podemos llamarlas “sociedades” porque son grupos de personas organizados de tal modo que existen actividades comunes. El lugar donde trabajan los padres constituye otra sociedad, muy pequeña si administran un restaurante, pero muy grande si laboran en un hospital o en una fábrica.
Sophie Bolo, “Vivir en sociedad. La vida en grupo” en Vivir con los demás: la familia, la sociedad, las leyes la justicia. México,
SEP-Larousse, 2005. 

“La doncella guerrera” en Teresa de Santos (comp.)






En Sevilla a un sevillano siete hijos le dio Dios y tuvo la mala suerte que ninguno fue varón.
La más chiquita de ellas la llevó la inclinación de ir a servir al rey vestidita de varón.
-No vayas, hija, no vayas, que te van a conocer; que tienes el pelo muy largo y dirán que eres mujer.
-Si tengo el pelito largo, madre, córtemelo usted, y con el pelo cortado un varón pareceré.
Y             al subir al caballo la espada se le cayó; por decir “¡maldita sea!” dijo “maldita sea yo”.
Siete años estuvo en guerra y nadie la conoció, solamente el hijo del rey que de ella se enamoró.

“La doncella guerrera” en Teresa de Santos (comp.), Romancero para niños. México, SEP-La Torre, 2005.

Felipe Garrido, “Ven conmigo”




El abuelo está sentado frente a la casa, en medio del jardín. Muy derechito en la silla de palo; con la pierna cruzada, las manos entrelazadas en la rodilla, el cigarro asomado entre los dedos. Lleva un traje oscuro, corbata a rayas, pañuelo en el bolsillo, botines y bastón, A sus pies duerme un perro blanco, pero no sé cómo se llama.
-Ven conmigo -vuelve a decirme y me mira burlón, con los ojos brillantes. El abuelo es calvo, tiene las cejas muy grandes, y las orejas, y la nariz.
-Hey, ven acá -insiste sin mover los labios, con un susurro que me llega de su mirada. -¿No me oyes? -pregunta como si fuera a enojarse, pero él sabe bien que lo escucho. Que sus palabras se me quedan en las orejas. No qiero oírlo. No quiero hacerle caso. Me quedo quieto, de pie, casi sin respirar. Camino hacia atrás, paso a pasito, buscando la puerta del cuarto, sin quitar la vista de la foto que cuelga en la pared.
Felipe Garrido, “Ven conmigo” en La musa y el garabato. México, FCE, 1995.

Entrada destacada

La llorona Luis González Obregón, Las calles de México: Leyendas y sucedidos. Porrúa, México, 1997.

194. La llorona Consumada la conquista y poco más o menos a mediados del siglo XVI, los vecinos de la ciudad de México que se recogían en su...

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