martes, 10 de diciembre de 2013

“El sol y la luna” en Silvia Molina (comp.), Las dos iguanas. Leyendas Mayas de Creación. México, SEP-Corunda, 2003.



35.          El Sol y la Luna

Una noche, cuando salieron a pasear por la playa, el Señor Iguano y la Señora Iguana, encontraron dos huevecillos y los enterraron en la arena.
Al cabo de un tiempo, los huevos se rompieron. De uno salió un niño que dormía en un árbol; del otro, una niña que dormía en un pequeño cenote.
Desde el árbol, el niño veía cómo el Señor Iguano y la Señora Iguana rehacían las montañas y los valles y los ríos para los mayas.
Pero como no había Sol, la tierra estaba muy mojada por los diluvios que habían acabado con los hombres antes de que los dioses les dieran la sustancia del maíz.
El Señor Iguano y la Señora Iguana llamaron al niño: 
-Ven, baja del árbol -le dijeron.
Y             el niño bajó y caminó hasta ellos.
-¿Te gustaría ser el nuevo Sol que alumbre la Tierra? -le preguntaron.
-Sí me gustaría -contestó el niño-. Pero si viene mi hermana, la niña que duerme en el cenote; si no, me sentiré solo allá arriba.
Entonces el Señor Iguano y la Señora Iguana llamaron a la niña:
-Ven, sal del cenote -le dijeron.
Y             la niña salió y caminó hacia ellos.
-¿Te gustaría ser la Luna que alumbre la Tierra? -le preguntaron.
Y             la niña contestó que sí, que acompañaría con mucho gusto a su hermano pues tampoco deseaba estar sola.
Y             así el niño y la niña se convirtieron en el Sol y la Luna. Alumbraron la Tierra cuarenta días y cuarenta noches, hasta que se secó y crecieron las plantas comestibles otra vez y los hombres pudieron comer otra cosa que no fuera sólo peces.
Pero juntos daban demasiada luz y demasiado calor a la Tierra. Entonces, los dioses le pidieron al Sol que sólo saliera de día; y a la Luna, de noche.
Todavía hoy, cuando la Luna no se ve, dicen que es porque la niña se queda dormida en el cenote.
Una vez restablecidos el Sol y la Luna en el cielo, el hombre creado con la sustancia del maíz pudo vivir.
Entonces el Gran Padre, Señor Iguano, y la Gran Madre, Señora Iguana, ordenaron a los hombres que los adoraran, y los hombres repitieron con respeto el nombre de los dioses.
Al fin, los dioses dijeron:
-Podemos descansar. Hemos cumplido nuestras creaciones.
“El sol y la luna” en Silvia Molina (comp.), Las dos iguanas. Leyendas Mayas de Creación. México, SEP-Corunda, 2003.

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