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martes, 10 de diciembre de 2013

Arnold Lobel, “El avestruz enamorado” en Fábulas. México, SEP-Celistia, 2006.



27.          El avestruz enamorado


El domingo, el avestruz vio a una señorita que paseaba por el parque. Se enamoró de ella a
primera vista. La siguió a cierta distancia, posando las patas allí donde ella había pisado.
El lunes, el avestruz cogió violetas para ofrecérselas a su amada. Era demasiado tímido para dárselas personalmente, así que se las dejó en la puerta de casa y se marchó corriendo. Pero el corazón le daba brincos de felicidad.
El martes, el avestruz compuso una canción para su amada. La cantó una y otra vez. La encontraba la música más hermosa
que jamás hubiese oído.
El miércoles, el avestruz miró comer a su amada en un restaurante. Se le olvidó pedir su propia cena. Era tan feliz que había perdido el apetito.
El jueves, el avestruz escribió un poema para su amada. Era el primer poema que escribía, así que no tuvo valor para leérselo.
El viernes, el avestruz se compró un par de zapatos nuevos. Se los puso y se sintió elegante y guapo. Esperaba que su amada lo notara.
El sábado, el avestruz soñó que bailaba un vals con su amada en un salón de baile enorme. La sostenía firmemente mientras daban vueltas y más vueltas al ritmo de la música. Se sentía dichoso de estar vivo.
El domingo, el avestruz regresó al parque. Cuando vio a la señorita que paseaba, el corazón le dio un vuelco, pero se dijo: “Bueno, me parece que soy demasiado tímido para cortejarla. Otra vez será. Aunque, no me cabe duda, esta semana no he perdido el tiempo”.
El amor por sí mismo es una recompensa.
Arnold Lobel, “El avestruz enamorado” en Fábulas. México, SEP-Celistia, 2006.

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