viernes, 28 de junio de 2013

ANTOLOGÍA LEYENDAS Y MITOS INDÍGENAS Lucía Gevert





"El hombre primitivo, inmerso en una naturaleza a menudo hostil, trató de explicarse los fenómenos, la vida que lo rodeaba, con ficciones alegóricas. Nacieron así los mitos y leyendas, que marcaron el comienzo de una actitud religiosa. Para comprender a los pueblos es importante volver los ojos atrás y escudriñar en el pasado remoto".

Del libro: "El Mundo de Amado". Leyendas de Tierra del Fuego. Lucía Gevert.

Leyendas Mapuche

DOMO Y LITUCHE

Hace infinidad de lluvias, en el mundo no había más que un espíritu que habitaba en el cielo. Solo él podía hacer la vida. Así decidió comenzar su obra cualquier día. Aburrido un día de tanta quietud decidió crear a una criatura vivaz e imaginativa, la cual llamó "Hijo", porque mucho le quiso desde el comienzo. Luego muy contento lo lanzó a la tierra. Tan entusiasmado estaba que el impulso fue tan fuerte que se golpeó duramente al caer. Su madre desesperada quiso verlo y abrió una ventana en el cielo. Esa ventana es Kuyén, la luna, y desde entonces vigila el sueño de los hombres. El gran espíritu quiso también seguir los primeros pasos de su hijo. Para mirarlo abrió un gran hueco redondo en el cielo. Esa ventana es Antú, el sol y su misión es desde entonces calentar a los hombres y alentar la vida cada día. Así todo ser viviente lo reconoce y saluda con amor y respeto. También es llamado padre sol. Pero en la tierra el hijo del gran espíritu se sentía terriblemente solo. Nada había, nadie  con  quién  conversar.  Cada  vez  más  triste  miró  al  cielo  y  dijo: ¿Padre, porqué he de estar solo? En realidad necesita una compañera -dijo Ngnechén, el espíritu progenitor. Pronto le enviaron desde lo alto una mujer de suave cuerpo y muy graciosa, la que cayó  sin  hacerse  daño  cerca  del  primer  hombre.  Ella  estaba  desnuda  y  tuvo mucho frío. Para no morir helada echó a caminar y sucedió que a cada paso suyo crecía  la  hierba,  y  cuando  cantó,  de  su  boca  insectos  y  mariposas  salían  a raudales y pronto llegó a Lituche el armónico sonido de la fauna. Cuando uno estuvo frente al otro, dijo ella: - Qué hermoso eres. ¿Cómo he de llamarte?  .  Yo  soy  Lituche  el  hombre  del  comienzo.  Yo  soy  Domo  la  mujer, estaremos juntos y haremos florecer la vida amándonos  -dijo ella-. Así debe ser, juntos llenaremos el vacío de la tierra -dijo Lituche. Mientras la primera mujer y el primer hombre construían su hogar, al cual llamaron ruka,  el  cielo  se  llenó  de  nuevos  espíritus.  Estos  traviesos  Cherruves  eran torbellinos muy temidos por la tribu. Lituche pronto aprendió que los frutos del pewén eran su mejor alimento y con ellos hizo panes y esperó tranquilo el invierno.Domo cortó la lana de una oveja, luego con las dos manos, frotando y moviéndolas una contra otra hizo un hilo grueso. Después en cuatro palos grandes enrolló la hebra y comenzó a cruzarlas. Desde entonces hacen así sus tejidos en colores naturales, teñidos con raíces. Cuando los hijos de Domo y Lituche se multiplicaron, ocuparon el territorio de mar a cordillera. Luego hubo un gran cataclismo, las aguas del mar comenzaron a subir guiadas por la serpiente Kai-Kai. La cordillera se elevó más y más porque en ella habitaba Tren-Tren la culebra de la tierra y así defendía a los hombres de la ira       de          Kai-Kai.  Cuando  las  aguas  se  calmaron,  comenzaron  a  bajar  los sobrevivientes de los cerros. Desde entonces se les conoce como "Hombres de la tierra" o Mapuches.Siempre temerosos de nuevos desastres, los mapuches respetan la voluntad de Ngnechén  y  tratan  de  no  disgustarlo.  Trabajan  la  tierra  y  realizan  hermosa artesanía con cortezas de árboles y con raíces tiñen lana. Con fibras vegetales tejen canastos y con lana, mantas y vestidos. Aún hoy en el cielo Kuyén y Antú se turnan para mirarlos y acompañarlos. Por eso la esperanza de un tiempo mejor nunca muere en el espíritu de los mapuches, los hombres de la tierra.
Fuente: Del libro "Monitores Culturas Originarias". Área Culturas Originarias. División de Cultura. Mineduc.
 
HISTORIA DE LA MONTAÑA QUE TRUENA

Cuentan que hace muchísimo tiempo vivía en la cordillera un pueblo de guerreros, un pueblo al que los otros llamaban "El enemigo invencible". No tenían vecinos ni aliados, porque el primero que se animaba a entrar en su territorio sin autorización era esclavizado o aniquilado. Dicen que no hubo país donde las piedras y las flores fueran más rojas, porque allí la sangre de las guerras había penetrado hasta las capas más profundas de la tierra. Entre los invencibles no había lugar para los débiles: los niños mamaban el valor, de los pechos ceñidos de sus madres y allí mentándose  con  carne  cruda  se  convertían  en  hombres  altos  y  fuertes  como montes. Este pueblo  tuvo un jefe valiente y formidable llamado Linko Nahuel, el “tigre que salta”.  Era  tan  valeroso  como  feroz,  y  cuentan  que  si  alguien  hubiera  podido navegar en los ríos de sus venas hubiera visto hervir la sangre. Entre todas las montañas del país de Linko Nahuel se distinguía el pico nevado del cerro Amun- Kar, el monte sagrado que es el trono de Dios. Dominaba el paisaje con sus laderas que subían verdes y boscosas. A veces, la montaña se transformaba, lanzaba humo y fuego hacia el cielo,  bombardeando a los Mapuches con rocas incandescentes que parecían las tokikuras de Dios. Y  la gente le tenia más miedo que               a               la               furia               de               Linko               Nahuel. Un amanecer, mientras acampaban en el gran valle que se encontraba a los pies del Amun-Kar,   los centinelas, bajaron corriendo las laderas para contar lo que habían visto. Miles y miles de enanos armados, avanzaban por la cuesta de la montaña sagrada. Linko  Nahuel  sintió  como  la  cólera  le  subía  por  el  pecho,  como  sus  brazos ansiaban descargar un golpe contra los invasores que ni permiso habían pedido; él los aplastaría, una vez más la sangre correría por las sendas y los arroyos. Pero Linko Nahuel también era astuto, y conocía el valor de los planes. Por eso llamo a sus                       segundos                       y                       les                       ordeno: “Vayan  a  entrevistarse  con  el  jefe  de  los  enanos.  Cúbranse  con  cueros  de guanacos y puma, píntense la cara del  modo más horroroso y adórnense con las plumas de choike mas largas y oscuras que tengan. Y sobre todo, ya saben, mirada severa y pocas palabras. Así los intimidaremos. Ya van a ver cuando comiencen         la          retirada,          ahí          caeremos          sobre          ellos”. Los emisarios se fueron confiados, pero volvieron humillados y furiosos a rendir cuentas ante Linko Nahuel: - “Los enanos son gente de montañas y planean quedarse a vivir en el Amun-Kar, no conocen tu nombre y no tienen miedo de la ira de Dios. Son tan chiquitos como un anchimallen, pero hay que reconocer que son valientes  y  tantos,  que  cuando  nos  rodearon  no  veíamos  nada  mas  allá”. Entonces Linko se dispuso para la guerra y partió. Trepaban la cuesta, cuando sorpresivamente los enanos se lanzaron desde arriba sobre ellos, hiriéndolos con miles de flechas y lanzas diminutas. Defenderse era difícil. Linko alentaba a los suyos para alcanzar a los pigmeos, pero estos se protegían detrás de paredones y salientes, y desde allí empujaban la nieve y piedras que caían en alud sobre el ejército invencible. Los enanos eran muchos y rodearon a los mapuches. La tierra y la nieve se teñían de sangre,  y Linko Nahuel, enfurecido,  pedía refuerzos con gritos                                                                                                      desaforados. Los  enanos  se  dieron  vuelta  y  comenzaron  a  huir  con  extraordinaria agilidad montaña  arriba  dejando  atrás  a  Linko  Nahuel,  que  los  perseguía.  Pero  los guerreros de Linko eran gente de los valles y de las hondonadas y no podían competir con sus enemigos, que milagrosamente se perdieron de vista. La trampa estaba tendida: los enanos salieron de sus escondites y los atraparon uno por uno. El  cacique  de  los  enanos  dictaminó  su  sentencia:  “Todos  los  prisioneros mapuches  deberían  subir  hasta  la  cumbre  y  desde  allí  serian  precipitados;  él último en caer seria Linko Nahuel, para que viera la muerte muchas veces antes de                         dar                         su                         último                         salto”. Penosamente subía el tigre derrotado pisando por primera vez las rocas de la cima. Cuando el enano dio la orden de detenerse ataron a los prisioneros de pies y                 manos                 y                 comenzó                 el                 castigo. Empujaron al primer mapuche al precipicio. Erguido y rígido, Linko miraba la distancia, ese paisaje nuevo que no lo dejaba recordar, que aplacaba por primera vez  su  sangre  huracanada.  Entonces  se  escucho  el  primer  estruendo,  los estallidos interiores de la montaña de Dios. Las rocas volaron en mil pedazos. Un viscoso lago de fuego arrastró a los mapuches y enanos, que mezclaron sus gritos y           quedaron           confundidos           en           la           misma           ceniza. Y  Dios  dispuso  que  los  dos  jefes  se  sentaran  frente  a  frente,  para  que contemplaran juntos el horror, provocado por la osadía de llevar la guerra a su montaña. Para que el castigo fuera eterno los convirtió en piedra; y desde ese entonces  fueron  cubiertos  muchas  veces  por  la  lava  ardiente  o  el  hielo, condenados a escuchar el tronar intermitente de su furia. Por eso la gente del valle ya no llama al cerro Amun-Kar sino Tronador, y dicen los mapuches que los dos caciques esperan en vano el día en que Dios se duerma y puedan despertar ellos para vengar a sus pueblos. Fuente: Mauchaulil. Cultura fálica en Chile.
Leyendas de Chiloé

TENTEN-VILU Y CAICAI-VILU

Hace muchísimos años la Isla Grande de Chiloé, y todo el enjambre de islas que le rodean, formaban un solo cuerpo con el Continente Americano. Sin embargo, un día apareció repentinamente la Diosa de las Aguas Coicoi-vilu (de Co: agua y vilu: culebra) con la intención de destruir todo lo que hubiera sobre la tierra. Obedeciendo a sus mandatos, las aguas comenzaron a elevarse inundando valles y cerros, y sepultando a sus horrorizados habitantes en las profundidades del mar. Cuando todo parecía perdido, hizo su aparición la Diosa de la Tierra, Tentén-vilu (de Ten: tierra y vilu: culebra). Tentén-vilu comenzó a luchar contra su enemiga, a la vez que elevaba las tierras inundadas y protegía a sus habitantes, ayudándolos a subir a las partes más altas, transformándolos en pájaros, o dotándolos del poder de volar. La batalla duró mucho, finalmente Tentén-vilu venció parcialmente a Coicoi-Vilú, pues  a pesar de que  esta última se retiró, las aguas nunca regresaron a sus límites originales. Como consecuencia de toda esta lucha, los valles, cerros y cordilleras que antes formaban  la  zona,  quedaron  transformados  en  un  archipiélago  de  inigualable belleza, que es lo que hoy conocemos con el nombre de Archipiélago de Chiloé.
Fuente: Mitología Chilota

EL MILLALOBO


El Millalobo habita en lo más profundo del mar, y fue concebido bajo el mandato y protección del espíritu de las aguas Coicoi-vilu, por una hermosa mujer en amores con un lobo marino durante el período en que las aguas del mar invadieron la tierra. Tiene el aspecto de una gran foca, su rostro tiene aspecto de un hombre y de pez. La parte superior del tórax tiene aspecto humano y el resto de su cuerpo tiene formas de lobo marino. Está cubierto de un corto y brillante pelaje de color amarillo oscuro, de ahí su nombre Millalobo (de milla: oro) o Lobo de Oro. Comparte su vida con la Hunchula, hija de una vieja machi, llamada la Huenchur, y cuando las condiciones lo permiten sale con su amada a las playas solitarias con la intención de disfrutar de los rayos del sol. El Millalobo, fue envestido por Coicoi-Vilu, como amo y señor de todos los mares y por lo tanto es el jefe supremo de todos los seres que en ellos habitan. De esta manera está en el nivel jerárquico más alto del gobierno de los mares y se le puede comparar con Neptuno de la mitología griega. Como  dueño  y  señor,  de  gran  poderío,  delega  sus  importantes  funciones,  en varios  miembros  subalternos  encargados  de  hacer  cumplir  sus  mandatos  y voluntad. Esto va desde sembrar peces y mariscos, cuidar de su desarrollo y multiplicación, dirigir las mareas o controlar las calmas y tempestades. También están bajo su mandato las acciones de seres maléficos como la Vaca Marina, el Cuero, el Cuchivilu y el Piuchén. De su unión con la hermosa Henchula nacieron la Pincoya, la Sirena y el Pincoy, quienes como buenos hijos ayudan y desempeñan importantes papeles en los vastos dominios de su poderoso padre.
Fuente: Mitología Chilota
Leyendas Nortinas

EL TATU Y SU CAPA DE FIESTA
(Mito Aymará Bolivia)
Las gaviotas andinas se habían encargado de llevar la noticia hasta los últimos rincones   del   Altiplano.   Volando   de   un   punto   a   otro,   incansables,   habían comunicado a todos que cuando la luna estuviera brillante y redonda, los animales estaban cordialmente invitados a una gran fiesta a orillas del lago. El Titicaca se alegraba cada vez que esto sucedía.Cada cual se preparaba con esmero para esta oportunidad. Se acicalaban y limpiaban sus plumajes y sus pieles con los mejores aceites especiales, para que resplandecieran y todos los admiraran. Todo esto lo sabía Tatú, él quirquincho, ya había asistido a algunas de estas fastuosas fiestas que su querido amigo Titicaca gustaba de organizar. En esta ocasión deseaba ir mejor que nunca, pues recientemente había sido nombrado integrante muy principal de la comunidad. Y comprendía  bien  lo  que  esto  significaba...  Él  era  responsable  y  digno.  Esas debían haber sido las cualidades que se tuvieron en cuenta al darle este título honorífico  que  tanto  lo  honraba.  Ahora  deseaba  íntimamente  deslumbrarlos  a todos y hacerlos sentir que no se habían equivocado en su elección. Todavía faltaban muchos días, pero en cuanto recibió la invitación se puso a tejer un manto nuevo, elegantísimo, para que nadie quedara sin advertir su presencia espectacular. Era conocido como buen tejedor, y se concentró en hacer una trama fina, fina, a tal punto, que recordaba algunas maravillosas telarañas de esas que se suspenden en el aire, entre rama y rama de los arbustos, luciendo su tejido extraordinario. Ya llevaba bastante adelantado, aunque el trabajo, a veces, se le hacía lento y penoso, cuando acertó a pasar cerca de su casa el zorro, que gustaba de meter siempre su nariz en lo que no le importaba. Al verlo, le preguntó con curiosidad que hacía y este le respondió que trabajaba en su capa para ponérsela el día de la fiesta en el lago,  el zorro le respondió que como iba a alcanzar a terminarla si la fiesta era esa noche. El quirquincho pensó que había pasado el tiempo sin notarlo. Siempre le sucedía lo mismo... Calculaba mal las horas... Al pobre Tatú se le fue el alma a los pies. Una gruesa lágrima rodó por sus mejillas. Tanto prepararse para la ceremonia... El encuentro con sus amigos lo había imaginado distinto de lo que sería ahora. ¿Tendría fuerzas y tiempo para terminar su manto tan hermosamente comenzado? El zorro captó su desesperación, y sin decir más se alejó riendo entre dientes. Sin buscarlo había encontrado el modo de inquietar a alguien...y eso le producía un extraño placer. Tatú tendría que apurarse mucho si quería ir con vestido nuevo a la fiesta. Y así fue. Sus manitos continuaron el trabajo moviéndose con rapidez y destreza, pero debió recurrir a un truco para que le cundiera. Tomó hilos gruesos y toscos que le hicieron avanzar más rápido. Pero, la belleza y finura iníciales del tejido se fueron perdiendo a medida que avanzaba y quedaba al descubierto una urdimbre más suelta. Finalmente todo estuvo listo y Tatú se engalanó para asistir a  su  fiesta.  Entonces  respiró  hondo,  y  con  un  suspiro  de  alivio  miró  al  cielo estirando sus extremidades para sacudirse el cansancio de tanto trabajo. En ese instante advirtió el engaño... ¡Si la luna todavía no estaba llena! Lo miraba curiosa desde sus tres cuartos de creciente...Un primer pensamiento de cólera contra el viejo zorro le cruzó su cabecita. Pero al mirar su manto nuevamente bajo la luz brillante que caía también de las estrellas, se dio cuenta de que, si bien no había quedado como él lo imaginara, de todos modos el resultado era de auténtica belleza y esplendor. No tendría para qué deshacerlo. Quizás así estaba mejor, más suelto y aireado en su parte final, lo cual le otorgaba un toque exótico y atractivo. El zorro se asombraría cuando lo viera... Y, además, no le guardaría rencor, porque sido su propia culpa creerle a alguien que tenía fama de travieso y juguetón. Simplemente él no podía resistir la tentación de andar burlándose de todos... y siempre encontraba alguna víctima.Pero esta vez todo salió bien: el zorro le había hecho un favor. Porque Tatú se lució efectivamente, y causó gran sensación con su manto nuevo cuando llegó, al fin, el momento de su aparición triunfal en la fiesta de su amigo Titicaca.
Fuente: Cuentos y Leyendas Americanas.

EL INICIO DEL MUNDO

Los vecinos de la sierra cuentan, desde Cupo a Socaire, desde las cumbres hasta el llano, que en un comienzo en el mundo todo era sólo noche, todo era sólo penumbras, como cuando la neblina invade la quebrada. Nada iluminaba la existencia de los hombres, quienes deambulaban por los cerros, las quebradas y las vegas en busca de esquivos alimentos. Dicen que la falta de calor y de luz impedía la germinación de las semillas, el crecimiento de las plantas; sólo existía lo que ya estaba allí. La tierra comenzaba recién a adquirir su forma actual, aparecían los paisajes de volcanes y planicies, con su amplia gama de colores. El agua caía copiosamente; llovía y llovía. Ríos caudalosos descendían desde lo alto, gastando los cerros, arrastrando   grandes   rocas   con   las   cuales   desgarraban   el   llano,   abriendo profundas grietas."Saire", que significa agua de lluvia, frío, hambre y soledad eran los compañeros de algunos "antiguos", los cuales difícilmente lograban sobrevivir. Se ocultaban en cuevas  existentes  en  lugares  tan  separados  como  en  Socaire,  camino  a  las lagunas, y en la quebrada del Encanto, cerquita de Toconce, donde suelen verse sus sombras en las noches sin luna, pero es necesario ir sin compañía hasta dichos lugares para poder apreciarlo. De estos hombres se dice que los de la cuenca del río Salado murieron por no resistir la presencia del sol; y los del sector socaireño, debido a la intensidad de las lluvias, acompañadas con sus truenos y relámpagos. De ellos sólo perduran sus pueblos destruidos y sus tumbas saqueadas. También, a medio camino entre Toconce y Linzor, sus grandes pies quedaron marcados sobre las blandas rocas de aquella época. Hoy es posible ver esos rastros allí donde quedaron definitivamente grabados por ejemplo en Patillón. En  Socaire,  cuentan  algunos  vecinos,  cuando  "los  abuelos"  habían  hecho  los terrenos y las eras, llovió  durante  cuarenta  días  y  cuarenta  noches,  y el agua corrió y corrió, después, quizás cuántos años, demoró en terminarse el agua. La gente en ese entonces era muy tímida, vivían en los graneros. No tenían casas, tampoco  tenían  nombres  porque  no  eran  cristianos.  Aunque  no  eran  gente educada  eran  personas  muy  buenas  que  vivían  inocentemente.  Trabajaban  la tierra, sin herramientas porque no conocían la picota, ni la pala ni el chuzo; sólo usaban una rama de árbol y la pura mano. Sin embargo, ¡fue tanto terreno el que trabajaron!...Ellos le cantaban al agua y el agua les ayudaba en sus trabajos, corriendo de piedra en piedra para hacer los muros de esos largos canales que aún se ven. Sin embargo, después de la larga lluvia lo perdieron todo: los terrenos, los sembrados, la vida. Por eso ahora, nadie sabe cantarle al agua para que vuelva a brotar como antes, para que haya tantos sembríos como antes, para que la gente sea buena e inocente, como antes.
Fuente: Del libro "Monitores Culturas Originarias". Área Culturas Originarias. División de Cultura. Mineduc.

Leyendas de Tierra del Fuego

LOS ONAS Y LA LUNA
(Mito Selk’nam )
Los  Onas  suponen  que  en  las  variadas  fases  de  la  luna  hay  seres  ocultos enemigos de los hombres que les causan mayor pavor. El engrosamiento gradual de la luna KRE les inspira gran miedo, porque creen que para  engrosarse se alimenta  de  criaturas  humanas,  a  las  cuales  les  chupa  la sangre que les causa la muerte. De aquí que cuando llega el plenilunio hagan fiestas alrededor de grandes fogatas y bailan y gritan en algazara infernal durante toda la noche, celebrando él haber librado del peligro de muerte a sus hijos, que aman con mucha ternura.

KAMSHOUT Y EL OTOÑO
(Leyenda Selk’nam - Tierra del Fuego, Argentina-Chile)
Hubo  un  tiempo  en  que  las  hojas  del  bosque  eran  siempre  verdes.  En  ese entonces el joven selk’nam Kamshout partió en un largo viaje para cumplir con los ritos de iniciación de los klóketens.El joven iniciado tardó tanto en volver que el resto del grupo lo dio por muerto. Cuando nadie lo esperaba, Kamshout volvió completamente alterado y empezó a relatar su sorprendente incursión en un país de maravillas, más allá en el lejano norte. En ese país los bosques eran interminables y los árboles perdían sus hojas en otoño  hasta  parecer  completamente  muertos.  Sin  embargo,  con  los  primeros calores de la primavera las hojas verdes volvían a salir y los árboles volvían a revivir. Nadie creyó la historia y la gente se rió de Kamshout quien, completamente enojado, se marchó al bosque y volvió a desaparecer. Luego de una corta incursión por el bosque, Kamshout reapareció convertido en un gran loro, con plumas verdes en su espalda y rojas en su pecho. Era otoño y Kamshout -a partir de entonces llamado Kerrhprrh por el ruido que emitía, volando de  árbol  en  árbol  fue  tiñiendo  todas  las  hojas  con  sus  plumas  rojas.  Así coloreadas, las hojas empezaron a caer y todo el mundo temió la muerte de los árboles. Esta vez la risa fue de Kamshout.En la primavera las hojas volvieron a lucir su verdor, demostrando la veracidad de la aventura vivida por Kamshout. Desde entonces los loros se reúnen en las ramas de los árboles para reírse de los seres humanos y así vengar a Kamshout, su antepasado mítico.
Fuente: Cuentos y Leyendas Americanas.

EL ORIGEN DEL CALAFATE
(Leyenda Selk’nam )
Cuando los Selk’nam habitaban Tierra de Fuego se agrupaban en diversas tribus, dos de ellas se encontraban en gran conflicto, los jefes de ambas comunidades se odiaban hasta la muerte. Uno de ellos tenía un joven hijo, que gustaba de recorrer los campos. En una ocasión se encontró con una bella niña de ojos negros intensos y se enamoró de ella.
Lamentablemente, era la hija del enemigo de su padre, la única manera de verse era a escondidas, pero el brujo de la tribu de la niña los descubrió. Vio sin embargo, que no podría separarlos y condenó a la niña, transformándola en una planta que conservó toda la belleza de sus ojos negros, pero con espinas, para que el joven enamorado no pudiera tocarla. Pero el amor era tan fuerte que el joven nunca se separó de esta planta y murió a su lado.Por eso cada quien que logre comer el fruto de este arbusto estará destinado a regresar a la Patagonia, pues uno no puede separarse del poder de amor que hay en el calafate, nos atrae a él y no nos permite que nos marchemos por mucho tiempo.
Fuente: Cuentos y Leyendas Americanas.
YINCIHAUA
(Leyenda Selk’nam)
Todos los años en la primavera, las jóvenes mujeres onas se juntaban en una choza especial, para la importante fiesta llamada “yincihaua”. Acudían desnudas, con el cuerpo pintado y en sus rostros máscaras multicolores. Tenían gran imaginación para hacerse hermosos dibujos geométricos, que representaban los distintos espíritus que viven en la naturaleza. Ellos les daban los poderes que ejercían sobre los hombres. Ese día   una de las niñas tomó con mucho cuidado un poco de tierra blanca y empezó lentamente a trazar las cinco líneas que pensaba pintar desde su nariz hasta las orejas. Las otras jóvenes trataron de imitarla, ya que las figuras en el rostro eran muy importantes. La fantasía de cada una se echó a volar y se pintaron de arriba abajo con armoniosas figuras. Unas a otras se ayudaban, pero para no ser reconocidas, se pusieron en sus rostros unas máscaras talladas. Blanco, negro y rojo eran los colores preferidos. En un momento dado, cuando ya estaban todas preparadas, salieron de la choza con grandes chillidos y mucho alboroto para asustar a los hombres que las esperaban afuera. La bulliciosa ceremonia se encontraba en su apogeo y todos daban gritos, cuando sobre el tremendo ruido reinante se escuchó una fuerte discusión entre el hombre- sol y su hermana, la mujer-luna.-Yo no te necesito- insistía con altivez la luna.-Sin mí, no puedes vivir- le contestó sarcástico el sol.-Perdería mi brillo quizás, pero seguiría viviendo.-Sin el brillo que yo te doy no vales nada.-No seas tan presumido, hermano sol.-Tú deberías ser más humilde, hermana luna. Y así siguieron la disputa como dos niños chicos. Todos los hombres se pusieron de parte del sol y las mujeres apoyaron a la luna. La discusión fue creciendo, creciendo y ni siquiera el marido de la mujer luna, que era el arcoíris o “akaynic”, pudo lograr que la armonía volviera a reinar entre la gente de la tribu. De pronto, un gran fuego estalló en la choza del “yincihaua”, donde las mujeres habían ido a buscar refugio cuando la pelea se hizo más fuerte. Allí estaban encerradas cuando las alcanzaron las llamas. Aunque el griterío fue inmenso, ninguna logro salvarse. Todas murieron en el incendio. Pero se transformaron en animales de hermosa apariencia, según había sido su maquillaje. Hasta hoy mantienen esas características y las podemos ver, por ejemplo, en el cisne de cuello negro, en el cóndor o en el ñandú. Afortunadamente ellas nunca supieron lo que había sucedido. Les habría dado mucha pena, porque fueron los propios hombres los que prendieron el fuego. Es que tenían envidia del poder que en el comienzo de los tiempos ostentaban las mujeres, y querían quitárselo. Después de este penoso episodio la mujer-luna se fue con su esposo “akaynic” hasta el firmamento. Detrás de ellos, queriendo alcanzarlos, se fue corriendo el hombre-hermano-sol, pero no pudo lograrlo. Todos se quedaron, sin embargo, en la bóveda celestial y no volvieron a bajar a las fiestas de los hombres.
Fuente: Del Libro “El Mundo de Amado”. Leyendas de Tierra del Fuego. Lucía Gevert.

Edición Web:
Ser Indígena, noviembre de 2002

Re-Edición Web:
Ser Indígena, mayo de 2003
Compilación de texto.

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