100 MITOS DE LA HISTORIA DE MÉXICO 1 Francisco Martín Moreno parte9



THE MEXICAN SPY CO.
Pero no sólo fueron los vende patrias de siempre los que colaboraron al pronto cumplimiento de los objetivos del enemigo, como puede verse en el siguiente resumen de una de las más claras muestras de falta de patriotismo de los mexicanos de entonces: A fines de junio el coronel Hitchock, inspector general y confidente del general Scott, contrató 5 hombres de Domínguez con una paga de dos dólares al día y los envió a recolectar información. Hitchock se dio cuenta de que necesitaría una mano de obra muchísimo mayor para completar la enorme tarea frente a él. Hitchock necesitaba espías que trabajaran tan solo para él, que fueran confiables, que estuvieran a la orden las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Esta necesidad creó la “Mexican Spy Company” [...] En Puebla el 26 de junio, Hitchock sacó a doce hombres de prisión para encontrarse con Domínguez. Ellos eran sus amigos y juraron lealtad eterna entre ellos y hacia los Estados Unidos. Hitchock repartió 50 dólares entre ellos. Después hizo que Domínguez reclutara 200 criminales más. Estos fueron formados en escuadrones y operaban directamente bajo el comando de Scott. Cada hombre recibiría 20 dólares al mes [...] En la época en la que todos los que entraran y salieran de la Ciudad de México se sometían a los más rigurosos cácteos, los espías americanos entraban disfrazados de vendedores de manzanas, cebollas, etc. [...] La MSC investigaba rumores y reportes de fuerzas hostiles, y en el caso de hacer contacto, peleaban. El 3 de agosto de 1847 en los alrededores de Puebla hubo una batalla entre la MSC y un grupo de guerrillas. Esta última fue derrotada con una gran cantidad de bajas [...] El éxito de la MSC también creó unos problemas, los mexicanos estaban furiosos e indignados ante el indignante empleo de nativos en una compañía de espionaje. Cuando alguno de estos traidores caía en las manos de sus compatriotas era ejecutado. Cuando el gobierno mexicano escuchó de la liberación de algunos prisioneros mexicanos entre las líneas norteamericanas sospechó que éstos serían utilizados por los norteamericanos. El gobierno ofreció un perdón a dos de los principales hombres. Sin saber que Domínguez estaba en la nómina del enemigo, los mexicanos le pidieron que entregara mensajes a estos hombres. En cambio, los mensajes fueron directamente al coronel Hitchock. Santa Anna envió cartas a todos los poblanos (los hombres de la CS) invitándolos a regresar con su propia gente, Domínguez y el resto de la MSC no aceptaron.82
EL CINISMO
Para completar el cuadro, diremos que Moses Y. Beach, director del New York Sun y enviado secreto del presidente Polk para disuadir a la jerarquía eclesiástica de cualquier movimiento en falso, aseguraba que, gracias a sus instancias, los influyentes obispos de Puebla, Guadalupe y Michoacán "consintieron” en organizar la resistencia contra la ley de bienes eclesiásticos.83 Y es que, citando una vez más a Zerecero, testigo presencial de los hechos: Ocurrieron después acontecimientos que dan motivo para creer que, en efecto, había existido el complot. Ocupada ya la capital por Scott y habiendo emigrado el supremo gobierno de México para Querétaro, se cumplieron los plazos de esas libranzas [las relativas a la ayuda económica que la iglesia se había comprometido a dar al gobierno para el sostenimiento de la guerra, una vez destituido Gómez Farías]; el clero se negó a pagarlas, burlándose de sus firmas, y se publicaron circulares por el general americano, que probablemente era protestante, en que se citaban con énfasis los cánones y los capítulos de los decretales De bonis Eclesioe non alienandies...La iglesia ha tenido cien años para desmentir esta acusación.... y no lo ha hecho. A esta clase de sucesos se debió, en parte, la derrota de México, y no sólo, como engañosamente se ha dicho, a [a superioridad militar norteamericana, pues salvo en los casos de las heroicas defensas de Monterrey y Veracruz, dicha superioridad apenas tuvo ocasión de mostrarse: en La Angostura, a pesar de que Santa Anna tenía a su merced al enemigo, ordenó sospechosamente la retirada, ante el asombro de su propio ejército; en Cerro Gordo el mismo generalísimo se negó a ocupar dicha posición estratégica porque, según dijo, “a ese cerro no suben ni los conejos”; sin embargo, al día siguiente, precisamente por ahí, el enemigo aplastó al ejército mexicano... Las palabras del general Anaya: “Si tuviera yo parque no estaría usted aquí” son inexactas: sí que tenía parque, pero a semejanza de lo ocurrido en otros lugares donde se realizó “la defensa” ¡las municiones enviadas por Santa Anna eran de un calibre diferente al de las armas que había en Churubusco, por lo que resultaron inservibles! Tales fueron, en fin, los hechos que permitieron al fanático presidente norteamericano Polk declarar en su último discurso presidencial: “La gratitud de la nación hacia el árbitro soberano de todos los acontecimientos humanos debe estar de acuerdo con las infinitas bendiciones de que disfrutamos [...] Paz, abundancia y satisfacción reinan dentro de nuestras fronteras y nuestro amado país presenta ai mundo un espectáculo sublimemente moral”.84 A pesar de que la superioridad era evidente, varias defensas fueron heroicas. Sin embargo, los discursos incendiarios lanzados desde los púlpitos, además del interminable repertorio de traiciones, hicieron más daño en las fuerzas mexicanas que las bombas disparadas por el invasor.
DÍAZ ORDAZ: ÚNICO CULPABLE DEL 68
EN efecto: bastó que el propio DÍAZ ORDAZ declarara en 1969: “Por mi parte, asumo íntegramente la responsabilidad personal, ética, social, jurídica, política e histórica por decisiones del Gobierno en relación con los sucesos del año pasado”, para que muchos se creyeran el mito de que el fanático presidente, de aborrecible memoria, fue el único culpable de la matanza del 2 de octubre y de la represión antipatriótica con que el gobierno respondió al movimiento estudiantil de corte democrático de 1968.Ahí están todos los diputados, al unísono, aplaudiéndole de pie a Díaz Ordaz. ¿Y el senado? ¿Quién mandó publicar el 11 de septiembre de 1968 la siguiente inserción en los periódicos?: “ADVERTENCIA DEL SENADO A
QUIENES SUBVIERTEN EL ORDEN. ÁPOYO A DÍAZ ORDAZ PARA QUE USE LAS TROPAS SI ES NECESARIO. HOMENAJE A LAS FUERZAS ARMADAS POR SU PATRIÓTICA ACTUACIÓN”. ¿Quién fue?, ¿quién? ¿También el asesino solitario...? Ahí está el entonces secretario de Gobernación, Luis Echeverría, a quien tardíamente se ha pretendido hacer pagar con éxito menos que insignificante el terrible daño generacional causado. Ahí están los funcionarios del gobierno, incapaces (con la salvedad de Octavio Paz, entonces embajador en la India) de renunciar a sus puestos para manifestar su inconformidad con un gobierno asesino que dirimía las diferencias sociales y políticas a balazos. ¿Cuántos muertos hubo a raíz del movimiento estudiantil del mismo año en París? “Destaca la ausencia de voces disidentes dentro del aparato o sistema, dentro de la familia política mexicana”, escribió Arturo Warman. Y bien: ¿dónde están los miembros de esa familia política mexicana, la así llamada familia revolucionaria? Ahí están uno por uno los soldados y los policías especiales que dispararon sobre los estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas. Y los que los torturaron, y los que los persiguieron, y los que los acosaron durante años para alimentar los pesados archivos del CISEN. Ahí están los ministros de la Suprema Corte de Justicia de entonces, incapaces de levantar la voz ante la ofensa perpetrada por el gobierno en contra de las escuálidas instituciones de la República. ¿División de poderes? Sí, cómo no... Recuérdese bien: los mexicanos tuvimos la irresponsabilidad de abandonar el país a los estados de ánimo de Díaz Ordaz, no la presidencia de la República, sino el aparato político completo así eran las reglas, para que ejerciera a su modo su pequeña dictadura, con todas sus consecuencias. Ahí están muchos, muchísimos medios de comunicación, y principalmente los grandes formadores de opinión, generando un ambiente netamente fascista contra los demonios comunistas y contra los extranjeros de ideologías exóticas que, según ellos, dirigían en lo oculto el movimiento. La policía estableció plenamente [decía el Sol de Puebla el 28 de julio de 1968] y tiene pruebas concretas de que los sucesos ocurridos [dos días atrás], en que se perturbó el orden público y se atentó contra la integridad cívica, fueron obra de un grupo de extranjeros de ideologías políticas extremistas que se infiltraron en la masa estudiantil. En contraste, los periódicos se negaban a publicar los manifiestos donde los estudiantes exigían el restablecimiento del orden constitucional y el respeto a las garantías individuales, e incluso el cese de la campaña de desprestigio desatada en contra de la misma UNAM, como señaló Luis González de Alba en Los días y los años. ¿No acaso los medios también falsificaron la información sobre los sucesos del 2 de octubre al tergiversar las noticias sobre ellos? ¿Acaso no acataron el veto oficial sobre el tema durante muchos años? Se trataba del esplendor de la “dictadura perfecta...”. “En su oportunidad, nos solidarizamos con el orden, pues no podemos desarrollar nuestro trabajo en ningún otro clima”, decía la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio a través de su presidente, meses antes de la matanza. Y la iglesia? ¿Qué hicieron los arzobispos en protesta por esa terrible masacre? ¿Cuántas pastorales censurando estos hechos se dieron a conocer? Eso sí, como rescata Carlos Monsiváis en Días de guardar, “el obispo de Puebla llamó a los fieles a una enorme concentración guadalupana con estribillo de combate: Cristianismo sí, comunismo no”. Por algo Díaz Ordaz pudo estirar su diestra: “para que los mexicanos decidan si se queda tendida en el aire o se ve acompañada de millones de manos que quieren restablecer la paz y la tranquilidad de las conciencias”. ¿Y quién no recuerda la tragedia del 15 de septiembre de 1968 en San Miguel Canoa? Aquella vez el sacerdote Enrique Meza Pérez, contra toda ley civil y religiosa, contra toda razón, contra toda humanidad, llamó al pueblo a linchar a siete jóvenes universitarios tachados de comunistas que estaban de paso por el pueblo, logrando a medio su cometido al quitar la vida a cuatro de ellos. “Lo primero que les enseñan cuando entran a la Universidad es que no hay Dios”, les decía a los alumnos de la escuela primaria de la localidad de Canoa el director del plantel, además de secretario de Su Ilustrísima, el párroco local Enrique Meza Pérez, quien arrojara a sus embrutecidos fieles sobre los universitarios sin dios, al grito de “se quieren a robar a San Miguelito ”...Desde tres años atrás venía diciendo que un día iban a llegar los comunistas [...] decía desde el pulpito: “Cuando lleguen los comunistas [...] yo nomás se los voy a comunicar, pero ustedes tienen que saber lo que necesitan hacer”. Hasta le decía a los niños: “Ustedes, con sus cuchillitos que usa su mamá para limpiar el nopal, ustedes lo train...”. Y las mamás y los papas, ni modo: “es sacerdote, pos lo vamos a obedecer”, decían.85 Ya tendría tiempo el padre Meza de presumir: "en Canoa todos me obedecían”, y no sólo eso: “El señor procurador era amigo mío [...] el gobernador era Aarón Merino Fernández, también amigo mío”.86 Y ahí está el FBI, cuyo jefe Hoover, en 1967,instruyó al agregado jurídico de la embajada estadounidense en la capital mexicana a proponer un plan de “reventamiento” de los grupos subversivos radicales más activos en la Universidad, advirtiéndole “ser muy cuidadoso de no interferir con los agentes de ninguna otra agencia de inteligencia de Estados Unidos operando entre los universitarios”.87 En fin: algo tan horrible y tan bárbaro, tan bien organizado, tan eficazmente llevado a cabo al grado de que asusta pensar en el número de balas que se dispararon la noche del 2 de octubre: ¿habrá podido ser obra de un solo hombre? ¿Y Luis Echeverría Álvarez y Alfonso Corona del Rosal y Alfonso Martínez Domínguez y Marcelino García Barragán? Preguntémonos: ¿qué fue de estos auténticos conspiradores? ¿Fueron inocentes? ¿Su silencio fue conformidad o complicidad, o ambos cargos juntos?88 Y finalmente, ¿dónde está la vergüenza ante el ultraje de ver a las fuerzas encargadas del cuidado de los ciudadanos volcarse sobre éstos, inermes, para acribillarlos cobardemente? ¿Dónde está la justicia en este país? ¿Llegará a tanto nuestro paternalismo como para dejar en manos de Díaz Ordaz el juicio final sobre estos penosos sucesos, conformándonos con su “yo asumo la responsabilidad”? Y es que, claro: todo debe ser obra de un solo hombre. Pero ¿y nosotros?, ¿cuándo vamos a asumir nuestras responsabilidades ciudadanas? En México nunca hay culpables, o los culpables ya están muertos...
LAS VÍCTIMAS DE HUITZILAC ERAN INOCENTES
El 3 de octubre de 1927 un suceso sacudió salvajemente al país: Francisco R, Serrano, candidato a la presidencia de la República por el partido anti reeleccionista, fue brutalmente asesinado junto con trece de sus colaboradores más cercanos en un tramo de la carretera México Cuernavaca, a la altura del poblado de Huitzilac, Morelos. El multihomicidio, perpetrado por un escuadrón militar al mando del general Claudio Fox, había sido ordenado por el presidente Plutarco Elías Calles, en total acuerdo con otro de los candidatos a la presidencia, nada menos que el general Álvaro Obregón, quien regresaría a la presidencia pisoteando la mayor consigna revolucionaria: Sufragio efectivo. No reelección. Ahora bien, según el mito: “Cuando el 1 de octubre de 1927, el general Francisco Serrano viajó a Cuernavaca para comenzar las celebraciones de su cumpleaños, que era el día 4, cuentan que Obregón dijo: ‘Hay que darle su cuelga’ [y] el 3 del mismo mes fue aprehendido en Cuernavaca”. El crimen fue, ciertamente, aborrecible, y no hay manera de justificarlo, pero llama la atención el hecho de que, en la mayoría de las crónicas, se oculte la verdad: ¡Serrano y sus acompañantes estaban a punto de dar un golpe de Estado a Calles y Obregón! ¿Una temeridad? Ya lo creo, tratándose de estos dos fundadores del régimen priista. No obstante, el mito insiste: “Puede ser que Serrano fuera hombre de notable sagacidad para enfrentar al régimen en las urnas, pero no era lo suficientemente idiota para levantarse en armas a lo pendejo, en particular cuando tenía enfrente al mayor estratega de la lucha armada de la revolución: Obregón”.89 Lamentablemente para los apologistas de Serrano, el mito vuelve a errar en este punto...
LA FAMILIA
Francisco R. Serrano, ex secretario particular del general Obregón, había intercedido ante Francisco Villa cuando éste estuvo a punto de fusilar a Obregón en 1915, y se dice además que Serrano, familiar indirecto cercano, había mecanografiado a Obregón su famoso libro: Ocho mil kilómetros en campaña entre otros muchos favores personales. Durante la presidencia del caudillo, Serrano ocupó la Secretaría de Guerra, pero con el arribo de Calles al poder abandonó el país y radicó en Europa. A su regreso en 1926 se negó a aceptar la Secretaría de Gobernación que Calles le ofreció hasta entrevistarse con el general Obregón. Pero a éste parecieron no importarle las intenciones de Serrano, quien consecuentemente comenzó a moverse en pos de la presidencia, aceptando el gobierno del Distrito Federal. ¿Conoce usted la Firma del general Calles en este cheque por cien mil pesos? (preguntó en una ocasión a un general amigo suyo) Esto es para que inicie mis trabajos políticos, y estoy autorizado para que todo lo que pueda cubrir, lo tome del Gobierno del Distrito... pues ¿qué me cree tan tonto que no sepa cómo se hace la política en México? Yo me lanzo porque me lanza el Presidente de la República. Y así fue: Calles echó al ruedo a Serrano, consciente de que Obregón buscaría reelegirse y de que reprobaba completamente dicha candidatura: “hemos mandado a regenerar a Pancho a Europa dijo una vez Obregón y ha vuelto más vicioso [...] sería una juerga su Gobierno”. Y en efecto, Serrano, a decir del historiador Carlos Pereyra, era “muy inteligente y muy crapuloso [...] regaba millones por los garitos y [...] en una noche de orgía arrojó desde un balcón a una mujer desnuda, que estuvo a punto de morir”.90 ¡Ese era el candidato presidencial! Así pues, cuando el Manco decidió lanzar su candidatura, Serrano ya no pudo dar marcha atrás: “Ora sí, Panchito le dijo Obregón en Sonora, descubriendo su juego siniestro, contenderemos uno contra el otro. Pero te garantizo que llegaré nuevamente a la silla, aunque sea sobre cadáveres”.91
LA CAMPAÑA
De vuelta en México, Serrano, quien no pensaba rendirse ante las amenazas del caudillo, prorrumpió en un discurso público:
Bastó la voracidad de unos cuantos cerdos agremiados en el Congreso de la Unión [...] para echar por tierra lo que creíamos haber cimentado con mezcla de metralla y sangre, y viene esa voracidad inaudita a apoyar un tránsfuga de la Revolución [...] Estos cerdos.] Vienen a remover con sus hocicos la tierra, matando la cimiente. Calles, por su parte, había lanzado a su propio candidato, el general Arnulfo R. Gómez. El panorama, así por el enorme arrastre de la candidatura de Obregón y por el respaldo presidencial de la candidatura de Gómez, comenzó a nublarse para Serrano, quien viendo su causa perdida por la vía de las elecciones, empezó a planear un golpe de Estado.
EL GOLPE
En el mes de septiembre Serrano comenzó a tener acercamientos con los cristeros, ya levantados en armas, y para el efecto recibió en su domicilio particular a Miguel Palomar y Vizcarra (jefe militar cristero), a quien prometió atender “las demandas de los católicos para cambiar la ley”.92 Sus intenciones, como se puede ver, eran claras, pero el colmo de la desesperación y de la candidez de Serrano llegó cuando, sintiéndose perdido, ¡puso a Calles al tanto de sus intenciones de derrocarlo mediante un golpe militar! El presidente de la República escuchó esta peregrina proposición lleno de asombro [...] “Es muy grave, Serrano”, le dijo el presidente [...] “¿Cuenta usted con e! Ejército?’, “Sí, cuento con el Ejército” […] ¿Y con qué generales cuenta usted, Serrano? Cuento con el general Eugenio Martínez y con toda la guarnición de la Plaza [y] siguió enumerando a todos los demás generales comprometidos [...] El presidente exclamó: “hay que pensar mucho ese asunto [...] Todo esto que me estás diciendo es muy grave, gravísimo”. En cuanto Serrano sale del despacho, el presidente envía un telegrama urgente a Obregón, que se encuentra en Sonora y le pide que acuda a la capital de inmediato para acordar con él las medidas que debían tomarse. El caudillo se presenta en Chapultepec tan pronto como puede.93
LA MASACRE
El plan de Serrano consistía en apartarse de la ciudad de México con el pretexto de celebrar su cumpleaños en una hacienda cercana a Cuernavaca. Ahí esperaría según él el éxito del golpe militar que llevarían a cabo en México las fuerzas militares que, al mando de Héctor Almada, se rebelarían justo en el momento de dar una exhibición en el campo militar de Balbuena, evento al que asistirían supuestamente el presidente Calles, el general Obregón y el secretario de Guerra, Joaquín Amaro. Los tres serían asesinados en el acto y Serrano volvería a la ciudad para asumir el poder. Llegó el día indicado. Ni Calles ni Obregón asistieron al evento, “la fuerza pronunciada se disgregó en el camino de Texcoco, y Almada se perdió en el centro de México, para reaparecer sano y salvo en los Estados Unidos”.94 Calles, contando con la información que el propio Serrano le proporcionó, había tomado sus providencias y, para cerrar la pinza, envió a su secretaria particular a entrevistarse con el jefe militar de Morelos, implicado en la conspiración, para ordenarle la captura de Serrano, a lo que dicho jefe accedió luego de un titubeo. Cuando Obregón supo de la sublevación, se trasladó inmediatamente al Castillo de Chapultepec, “en donde no durmió un solo instante y no abandonó por un solo momento al general Calles”.95 Tras discutir con Calles el asunto, Obregón mandó llamar al general Claudio Fox, que se encontraba en el patio dialogando con otros generales. Obregón sabía que, en una ocasión, Fox vio salir de su casa a Serrano, quien se entendía en secreto, obviamente, con su esposa. Un error imperdonable, más aún entre militares. Por lo que Obregón le habló al oído a Fox: “Tú tienes algo en contra de Pancho Serrano [...] Hoy tienes la oportunidad de vengarte”.96 Y le extiende la orden siguiente: Al C. General de Brigada, Claudio Fox, Jefe de las Operaciones Militares en Gro. Presente. Sírvase marchar inmediatamente a Cuernavaca acompañado de una escolta de 50 hombres del Primer Regimiento de Artillería, para recibir del general Enrique Díaz González, Jefe del 57° Batallón, a los rebeldes Francisco R. Serrano y personas que lo acompañan, quienes deberán ser pasados por las armas sobre el propio camino a esta Capital por el delito de rebelión contra el Gobierno Constitucional de la República; en la inteligencia de que deberá rendir el parte respectivo, tan pronto como se haya cumplido la presente orden al suscrito. Reitero a usted mi atenta consideración. SUFRAGIO EFECTIVO. No REELECCIÓN. Castillo de Chapultepec, 3 de octubre de 1927. El Presidente Constitucional de la República, P. Elías Calles. Serrano había sido detenido en Cuernavaca en compañía de sus cándidos amigos; se les dijo que serían trasladados a México, por lo que abordaron los vehículos respectivos. A medio camino el convoy fue interceptado por el general Fox. Serrano, al ver a Fox, exclamó: “¡Ahora sí la tenemos perdida! ¡Aquí viene este desalmado a recibirnos!”. Minutos después, Serrano el candidato presidencial y golpista frustrado y sus amigos son ejecutados sin piedad alguna. Simultáneamente, a lo largo y ancho del país, son asesinados una decena de generales y, al día siguiente, ¡veintitrés congresistas pierden su curul y su fuero en una breve sesión de las cámaras!97  Todo esto demuestra que Serrano no era un candidato inofensivo, una víctima más de la intolerancia obregonista. Serrano pensaba levantarse en armas y de ninguna manera estaba celebrando su cumpleaños aquel 2 de octubre: su ambición y su desesperación, pero sobre todo su candidez, lo hicieron caer en la trampa que le tendió la temeraria diarquía Obregón Calles. Serrano era, pues, un iluso, y además un golpista. Sin embargo, al haber sido descubiertas sus intenciones debió haber sido juzgado por un tribunal militar, el cual, a través de un consejo de guerra, bien podría haberlo condenado a muerte, en lugar de matarlo como a un perro rabioso en un tramo de la carretera. ¿Dónde quedaron las garantías individuales consignadas en la recién promulgada Constitución, la máxima esperanza de todos los mexicanos?
EL ATAQUE A COLUMBUS: UNA CUESTIÓN PERSONAL
El día 9 de marzo de 1916 las fuerzas villistas invadieron territorio estadounidense. Los habitantes de Columbus, una población insignificante cercana a la frontera, presenciaron un hecho nunca antes visto ni sospechado: la nación más poderosa del mundo era invadida por un grupo muy reducido de revolucionarios mexicanos. Aquella madrugada, mientras Francisco Villa esperaba ansioso el resultado de la incursión militar en la hacienda de Palomas, del lado mexicano, la caballería, cumpliendo sus instrucciones, irrumpió en Columbus, disparando contra las casas y el cuartel: Cuatrocientos eran los que asaltaron Columbus. La guarnición norteamericana de la ciudad se componía de trescientos soldados Los villistas irrumpieron por las calles de la población gritando “¡Viva Villa! ¡Viva México!” [...] Asaltaron e incendiaron el Hotel Comercial [...] el edificio de Correos fue incendiado [...] “¡Mueran los gringos!”, gritaban con voz enronquecida los asaltantes. Y prendieron fuego a los más importantes edificios del barrio comercial, matando a todos los americanos de ambos sexos que se ponían a tiro de sus rifles [...] Los asaltantes se llevaron algún botín; treinta o cuarenta caballos, equipo militar y algunas muchachas norteamericanas, las cuales, en inglés, pedían socorro.98 No obstante, el ataque a Columbus no fue una victoria para las tropas de Villa, pues según Ricardo Orozco Ríos, casi una centena de sus hombres murieron, mientras que tan sólo diecisiete estadounidenses fallecieron en el enfrentamiento. ¿Por qué ordenó Villa el ataque a Columbus, ataque en el que, como ya se dijo, él se abstuvo de participar?
LAS VERDADERAS RAZONES DEL ATAQUE A COLUMBUS
Para comprender las razones de Villa y la verdadera magnitud del ataque a Columbus es necesario considerar algunos hechos que muestran las intenciones inconfesables de otras naciones, del capital extranjero y de una estrategia global teutona para conquistar el mundo. Una de las razones no oficiales que explicarían el ataque a Columbus —según Elías L. Torres en su libro Vida y hechos de Francisco Villa, y Ricardo Orozco Ríos en su obra Francisco Villa fue el hecho de que el káiser alemán diera a Villa 800 000 marcos a cambio de que invadiera a los Estados Unidos. Aunque Villa quizá hubiera realizado esta acción gratuitamente, pues estaba furioso en contra de la Casa Blanca por el apoyo otorgado a Carranza, el dinero no le venía nada mal: gracias a él podría volver a pertrecharse para enfrentar a sus enemigos, ya que la División del Norte estaba muy mermada luego de las derrotas en Celaya. Las razones de la intromisión del káiser están más allá de la duda, e incluso han sido mostradas por historiadores de gran prestigio, como Friedrich Katz: el poderoso emperador alemán deseaba provocar una nueva guerra entre el Coloso del Norte y México, pues así los Estados Unidos tendrían que destinar por lo menos quinientos mil efectivos, que ya no podrían enviar al Frente europeo, en caso de que el Tío Sam participara en la guerra que se desarrollaba en Europa. He aquí a Katz:1) Alemania procuraba, por todos los medios, lanzar a Villa contra los Estados Unidos. 2) Hay muchos indicios probatorios de que los agentes villistas habían entablado conversaciones con Rintelen [encargado alemán de los asuntos de México] poco antes del ataque. 3) El gobierno alemán hizo cuanto pudo para mandar armas a Villa después de la acción; y 4) Los informes de agentes americanos de principios de 1917, advertían que Villa se esforzaba en no perjudicar con sus ataques los negocios y fábricas alemanes.99"El ataque a Columbus no era el primer intento del káiser por hacer estallar una guerra entre México y los Estados Unidos: lo había procurado en abril de 1914, al enviar a Huerta, en plena guerra contra el constitucionalismo, la cantidad de quince millones de cartuchos y quinientos cañones de tiro rápido, además de haberlo abastecido con casi un millón de marcos en oro en su exilio forzoso en Barcelona para convencerlo de sumarse a los planes germanos. y volvería a intentarlo en abril de 1917, cuando el secretario de asuntos exteriores del imperio, Arthur Zimmermann, a través de su famoso telegrama, propusiera a Carranza “una Alianza para declarar junto con Japón, la guerra a Estados Unidos, sobre la base de que el éxito militar le garantizaría a México la reconquista del territorio perdido en Nuevo México, Texas y Arizona”. El plan del káiser era claro en cuanto a Columbus: mientras los Estados Unidos dedicaban una buena parte de su poderío a posesionarse una vez más de México, ahora como respuesta al ataque a Columbus, Alemania se ocuparía de aplastar a Inglaterra y Francia, mientras que el zar asistiría impotente al estallido de la revolución rusa, detonada igualmente por el propio káiser a través de Lenin, con el objetivo de sacar a Rusia de la primera guerra mundial... Así, mientras el káiser se apropiaba de Europa y los rusos se mataban entre sí, los Estados Unidos arrasarían a México. Acto seguido, los alemanes, dueños de medio mundo una vez absorbidas Europa y Rusia, verían la manera de declararle la guerra a los Estados Unidos, para finalmente apropiarse del planeta. No obstante la inocultable participación del káiser, no es ésta la única razón que puede explicar el ataque a Columbus: en la biografía de Francisco Villa escrita por Ricardo Orozco Ríos se afirma que es “posible que hayan sido los capitalistas norteamericanos los que pagaron a Villa para crear un conflicto entre México y Estados Unidos, convencidos de que eso podía dar pie a que esa nación se apropiara de los territorios norteños” de México. Por una razón o por la otra, el conflicto entre los Estados Unidos y México se volvió a dar, pero sólo a nivel de una reducida “expedición punitiva” al mando del general Pershing, la cual se adentró en nuestro país para tratar de capturar, sin éxito alguno, a Francisco Villa. Como epílogo, diremos que otro de los méritos de la arrebatada acción fue que las tropas del general abandonaran el país precisamente el día de la promulgación de la Constitución, en febrero de 1917. Es decir que gracias al asalto a Columbus nuestros diputados constituyentes redactaron nuestra máxima ley con la presencia de tropas estadounidenses en territorio nacional... Que no se olvide que una de las condiciones impuestas por las tropas invasoras para abandonar el país consistió en que no se atentara en contra de los intereses, fundamentalmente petroleros, a través de la nueva Carta Magna. ¿No habían invadido México para buscar a Villa por el asalto a Columbus?
LAS LEYES DE REFORMA, CAUSA DE LA GUERRA
según un texto sin firma publicado en la página web de la Cámara de Diputados: “La Constitución de 1857 abrió el camino para romper con algunos de los resabios del orden colonial, pero la Guerra de Reforma fue el trámite necesario para imponer el concepto de modernidad de los liberales”.100 Este tipo de afirmaciones, ambiguas e imprecisas, han contribuido a arraigar la idea de que la guerra de Reforma, una de las más sangrientas que hemos tenido, fue provocada por los liberales, quienes, ávidos de acabar con la religión —sigue rezando el mito, se lanzaron sobre los bienes de la iglesia, provocando la respuesta armada de los conservadores y, consecuentemente, el estallido de la guerra. Y es que, en efecto, el hecho mismo de llamarle guerra de Reforma al baño de sangre que entre 1858 y 1861 presenció el país, parece sugerir que la causa fue la promulgación de las famosas leyes de Reforma, cuando en realidad dichas leyes fueron emitidas en julio de 1859, año y medio después de comenzadas las hostilidades, con el claro objetivo de que dicha guerra terminara cuanto antes, pues al privar al clero de sus bienes se cortaba de tajo la fuente de financiamiento de sus ejércitos. Así pues, el clero no desató la guerra en respuesta a las llamadas leyes de Reforma, sino a la Constitución de 1857. Las leyes de Reforma llegarán a su tiempo...
NADA NUEVO BAJO EL SOL
Recordemos que el clero combatió a la Constitución de Apatzingán de 1814, coronando exitosamente sus esfuerzos con la prisión, tortura y muerte de José María More los; posteriormente, se opuso a la Constitución liberal de Cádiz, para lo cual apresuró la consumación de la independencia en 1821; igualmente rechazó la Constitución federal de 1824, para cuya derogación apoyó sendos golpes de Estado militares. De esta manera, no fue nada sorpresivo que desde que el presidente designado por la triunfante revolución de Ayutla, Juan N. Álvarez, en octubre de 1855 lanzara la convocatoria para la conformación de un Congreso que se encargara de elaborar una nueva Constitución, la iglesia se preparara para oponer una nueva resistencia armada.
LAS ARMAS DE LA LEY
El gobierno interino de Álvarez dictó, además, algunas leyes que el clero calificó de inaceptables y que anunciaban ya el espíritu liberal de la próxima Constitución. El 23 de noviembre de 1855 el ministro de Justicia, licenciado Benito Juárez García, publicó la “Ley de Administración de Justicia y Orgánica de los Tribunales de la Federación’, la famosa “Ley Juárez”, en cuyo capítulo de Disposiciones Generales establecía: Art. 42. Se suprimen los tribunales especiales, con excepción de los eclesiásticos y militares. Los tribunales eclesiásticos cesarán de conocer en los negocios civiles, y continuarán conociendo de los delitos comunes de los individuos de su fuero, mientras se expide una ley que arregle este punto [...].El 25 de junio de 1856, unos días después de que saliera a la luz el proyecto de Constitución, apareció el “Decreto sobre Desamortización de fincas Rústicas y Urbanas que administren como propietarios las Corporaciones civiles o eclesiásticas de la República”, mejor conocida como “Ley Lerdo”, que en síntesis decretaba: Considerando que uno de los mayores obstáculos para la prosperidad y engrandecimiento de la nación, es la falta de movimiento o libre circulación de una gran parte de la propiedad raíz, base fundamental de la riqueza pública; y en uso de las facultades que me concede el plan proclamado en Ayuda y reformado en Acapulco, he tenido a bien decretar lo siguiente [...] Art. 1. Todas las fincas rústicas y urbanas que hoy tienen o administran como propietarios las corporaciones civiles o eclesiásticas de la República, se adjudicarán en propiedad a los que las tienen arrendadas, por el valor correspondiente a la renta que en la actualidad pagan, calculada como rédito al seis por ciento anual [...] Art. 25. Desde ahora en adelante, ninguna corporación civil o eclesiástica, cualquiera que sea su carácter, denominación u objeto, tendrá capacidad legal para adquirir en propiedad o administrar por sí bienes raíces...Antes de acabar el año, el 15 de diciembre de 1856, el papa Pío IX declaró indignado ante el proyecto de Constitución que había dado a conocer el Constituyente: Entre otros muchos insultos que ha prodigado a nuestra santísima religión, a sus ministros y pastores como al vicario de Cristo, [la cámara de Diputados] propuso una nueva Constitución compuesta de muchos artículos, no pocos de los cuales están en oposición abierta con la misma religión, con su saludable doctrina, con sus santísimos preceptos y sus derechos. Entre otras cosas, se proscribe en esta Constitución el privilegio del fuero eclesiástico [...] se admite el libre ejercicio de todos los cultos y se concede la facultad de emitir libremente cualquier género de opiniones y pensamientos [...] Fácilmente deduciréis, venerables hermanos, de qué modo ha sido atacada y afligida en México nuestra santísima religión [...] Así es que, para que los fieles que allí residen sepan, y el universo católico conozca que Nos reprobamos enérgicamente todo lo que el gobierno mexicano ha hecho contra la religión católica [y] levantamos nuestra voz pontificia con libertad apostólica [...] para condenar y reprobar y declarar írritos y de ningún valor los enunciados de decretos y todo lo demás que allí ha practicado la autoridad civil [...]Pero el gobierno no se arredró ante estas amenazas y aun dictó la “Ley Orgánica del Registro Civil” el 27 de enero de 1857, y la “Ley para el Establecimiento y Uso de Cementerios” el 30 de enero. El 5 de febrero, finalmente, fue jurada en el Congreso la nueva Constitución, que recogía el espíritu de las leyes que se habían venido dictando y que hemos descrito aquí, y según la cual, heréticamente, como bien señaló Pío Nono: “se admite el libre ejercicio de rodos los cultos y se concede la facultad de emitir libremente cualquier género de opiniones y pensamientos...” ¡Horror! Poco después, el 11 de abril, el ministro José María Iglesias lanzaría todavía el “Decreto del Gobierno sobre aranceles para el cobro de derechos y obvenciones parroquiales”, según el cual: 8. Siempre que deniegue la autoridad eclesiástica, por falta de pago, la orden respectiva para un entierro, la autoridad pública podrá disponer que se haga. En los casos de bautismo y matrimonio, en que por dicho motivo se rehusare un cura o vicario al cumplimiento de sus deberes, los prefectos podrán imponerles la pena de diez a cien pesos de multa, y si se resisten a satisfacerla, la de destierro de su jurisdicción por el término de quince a setenta días [...] Las instrucciones de Pío IX, sin embargo, eran claras: resistir a cualquier costo la aplicación de la Constitución. Y así se hizo: el clero fue de cuartelazo en cuartelazo, hasta que el 17 de diciembre de 1857 la brigada del general Félix María Zuloaga se pronunciaba enarbolando el famoso Plan de Tacubaya, según el cual “cesa de regir la Constitución” recién sancionada por el Congreso y jurada por los funcionarios públicos, incluido el presidente de la República, Ignacio Comonfort, quien bochornosamente resignó su puesto al sumarse, dos días después, al retrógrada plan antes mencionado. Juárez, a la sazón presidente de la Suprema Corte, fue hecho prisionero por el propio presidente en una habitación de Palacio, llevando hasta el extremo la paciencia de los reaccionarios, quienes nuevamente, a través de un golpe de Estado, desconocieron ahora al propio Comonfort (el 11 de enero de 1858). Este último altísimo funcionario, que había cambiado su título de jefe del poder ejecutivo por el de dictadorzuelo, liberó a Juárez, quien, de acuerdo con la Constitución, pasaba a ocupar la presidencia de la República: Benito Juárez se dio a la tarea de defender la Carta Magna en la guerra a muerte que la jerarquía eclesiástica llevó adelante contra el nuevo y promisorio régimen constitucional.

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